14 ene 2012

De noche en Kyoto.


Pues llegamos a Kyoto, subimos a la habitación para refrescarnos un poco y de inmediato, ignorando el cansancio, volvimos a bajar para ponernos de acuerdo con Satomi y Minori.


El hotel en el que nos quedamos estaba en una zona bastante conveniente, pues a unos cuantos metros está...


...la calle Kawaramachi, una de las zonas más activas e interesantes de la ciudad durante la noche. 


Mucho movimiento, negocios, jóvenes que inundan las calles vecinas...


...algunos lugares un tanto eclécticos, como estos dos en la foto. Esto ya fue sobre la calle Sanjo ("calle tercera"). A diferencia de muchas ciudades japonesas, en Kyoto todas las calles tienen nombre y están dispuestas sobre una confortable cuadrícula; esta es la planeación que se le dio desde sus tiempos como capital imperial.


Caminamos hacia una de las calles laterales y nos sumergimos en el animado ambiente, no obstante el frío, hacia la calle Kiyamachi, con su canalito al costado.



 Sí... quizás yo no bebería en este bar... tal vez si no hubieran omitido el acento.

 

 Un letrero viejo de un puesto de ramen, como los hay en abundancia.


  


Pulpo!

Caminamos por entre callejones imposiblemente estrechos hasta llegar a la calle Pontocho, más tranquila que las anteriores, pero igualmente llena de suculentas ofertas de comida y bebida.  



Con todo y la relativa oscuridad, el ambiente era tranquilo. De vez en cuando nos encontrábamos grupos de jóvenes y el ocasional extranjero.


Difícil decidir en dónde cenar.


Este negocio parecía estar teniendo una venta de limpia.


Conejitos en un ambiente típico invernal, sentados en su kotatsu y comiendo mandarinas.


Oh, esto parece interesante.


Miren nomás esa caligrafía.


Y aquí fue donde entramos. El negocio cerraba en una hora más, pero nos atendieron gustosos.


El lugar era largo; para entrar, luego de quitarse los zapatos en el vestíbulo, había que recorrer un largo pasillo con la cocina de costado. Cada uno de los empleados y cocineros te da la bienvenida al notarte ("irasshaimaseeee!")


El comedor en sí no era muy grande, pero era calientito y tenía un buen ambiente. Había en dónde colgar las chamarras, lo cual es muy útil cuando la tuya es inmensa y estorbosa. Aquí andamos decidiendo qué comer; terminando pidiendo una selección de platillos y algo de sake (caliente para mí, que andaba malo todavía en ese momento).



Botanitas. Las verduras son avinagradas; la pasta del platito es de miso.


Este es el menú, escrito a mano con precisión caligráfica.

 De izquierda a derecha: nabos y espárragos avinagrados, un tipo especial de tofu con sabor suave y consistencia parecida a la del queso crema, y rebanaditas delgadas de carne cruda, condimentada con cebollines y mostaza china (mexicalenses: es como las carnitas coloradas, pero sin lo colorado).




Esto fue mi favorito. Durante este viaje descubrí muchas variedades del tofu.

En primer plano, rábano daikon; atrás, rollitos de huevo. El daikon era tibio, tenía una consistencia suave y un sabor dulzón.  


Minori y Satomi.

Hiroko y un servidor.

Yum.

Ambiente del lugar.

El cansancio y el calorcito del lugar (y del sake) me dejaron esta cara.

En sí, el negocio parece haber sido dispuesto dentro de una antigua casa. Aquí se muestra una escalera junto al pasillo de acceso; del otro lado está la cocina.

Ponerse y quitarse los zapatos es un pequeño fastidio a veces.



Salimos, pues, a seguir recorriendo.


Aparentemente este... ¿pollo? es un símbolo de la ciudad. Vimos varias farolas con su imagen.



Este lugar anuncia tener un calientito kotatsu para sus huéspedes.


Pero a las amigas de Hiroko no les impresiona eso. No, ellas quieren lo hispano, buscan cosas como ésta, y les parece genial que en este lugar vendan cerveza Corona.


A mí lo que me parece genial es el engrish. Sin hablar del potencial racismo de este letrero.


Ya caminando de regreso...


Esta tienda departamental estaba cerca del hotel, sobre Kawaramachi.


En el vestíbulo del hotel. Estos son cupones de descuento para muchas atracciones, restaurantes y otros servicios turísticos.


Yo me había comprado un té calientito en el camino de regreso. Este era de limón con jengibre, ideal para mi condición.


En el hotel estaba puesto un mapa de atractivos turísticos con una apariencia muy atractiva, como caligráfica. 


Nuestra habitación. En efecto, el hotel Alpha no es el más nuevo, pero sí fue cómodo y no fue tan caro.

Teníamos refrigerador incluso (abajo de la tele)...

...y, por supuesto, tina para el ofuro (baño japonés) y excusado high-tech.

El hotel provee sandalias y yukatas blancas (una especie de bata, como un kimono, pero ligero) con las que puedes andar dentro del cuarto. Esto fue una constante de todos los hoteles japoneses a los que fuimos. En algunos, los huéspedes salían de sus cuartos en yukata y deambulaban así por los pasillos.


También ofrecían un servicio de té para despertar bien. (El agua de la llave es potable.)


Y un curioso anacronismo: un directorio telefónico. Uno se esperaría que en Japón absolutamente todo fuera electrónico y/o digital, pero no; en todo caso Estados Unidos tiene una mayor penetración tecnológica en algunos respectos.


Miren, por ejemplo, la consola integrada a la mesita de noche. Tan retro... y completamente funcional.


Aquí acabó la noche y por fin pudimos descansar. El frío de la noche me había hecho recaer y realmente necesitaba dormir. Como quiera que fuera, al día siguiente nos veríamos temprano con las muchachas para aprovechar el día.

A continuación, un trazado aproximado de nuestro recorrido de esta noche.

View Recorrido en Kyoto, 29/dic/2011 in a larger map

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El próximo lunes: Eigamura, el parque de diversiones que te remonta al Japón clásico.

13 ene 2012

De Los Angeles a Kyoto


Resulta y resalta que es un largo viaje.
Se me pasó poner comentarios, así que les dejo las fotos en modo de "comentario mínimo".





En LAX.


Desayuno tras el check-in y antes de pasar por seguridad.
Hurra por la persona de AA que se dio cuenta de que tendríamos problemas debido a un vuelo reagendado y nos acomodó el trayecto. Gracias a eso no tuvimos broncas.




La bandera de Hong-Kong!

Parece que alguien de los Crips pasó por aquí...



Tres horas de espera, pero más vale estar prevenidos. Ismael, uno de nuestros amigos de la noche anterior tuvo problemas el año anterior, también por estas fechas, para abordar un vuelo a Japón por la cantidad de gente en el aeropuerto, y ultimadamente lo perdió. Así que nos fuimos a la segura.

Ya en el vuelo.

En los monitores puedes ir viendo cómo el avión va siguiendo al sol, no obstante que cuando llegas a Japón ya son las 10:00 pm para ti.

Deliciosa comida de avión.


Aquí les iba a mostrar una foto de Hiroko durmiendo a pierna suelta, pero si lo hago, ella también puede mostrar fotos embarazosas mías XD


Tierra japonesa a la vista.



Tras pasar inmigración en Narita. Llegamos a Tokyo solo para transbordar a un vuelo que nos dejaría en Osaka.


Casi todas las autopistas y avenidas principales de Tokyo estaban despejadas.



Antes del siguiente avión, fuimos a mandar algunos paquetes, como favor para una conocida de Hiroko.  Les decía el año pasado que en los aeropuertos hay servicio de paquetería.




Okane! (o sea, dinero). El plan esta vez fue usar las tarjetas mexicanas (de débito) y sacar efectivo de ellas, en vez de sujetarnos a lo complicado y lo caro de la transferencia interbancaria. Pero no me fue fácil sacar el dinero: en Japón no hay red interbancaria como en México, o sea, no en todos los cajeros funcionan las tarjetas.


Por eso en Japón la gente utiliza generalmente cajeros ubicados en...


...las oficinas postales. Y de ahí fue de donde pude sacar dinero yo.
(Ah, y algunos cajeros cierran los días festivos.)



Pasar la seguridad en Japón fue bastante menos engorroso que en EU. Además, si se te olvidó que llevabas un recipiente PET con jugo, por ejemplo, tienen ellos una maquinita donde ponen el recipiente y lo escanean para ver que sea seguro. (Como sea, se supone que no puedes pasar líquidos por ahí.)


En la sala de espera, una máquina vendedora de helado.


Los boletos de JAL para el último vuelo.



Otra vez no me animé a usarlo.

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Oh, Japan Airlines. Amé su servicio. Es como Mexicana en sus buenos tiempos.


Me encantaron los avisos de seguridad. Estas animaciones las ponían durante el abordaje. Además de las comunes y corrientes, te decían cosas como "si vas a hacer hacia atrás el respaldo de tu asiento, pregúntale a la persona que va atrás de ti" y "ten cuidado al cerrar la charola, para no molestar a quien va sentado enfrente".




Revistas de venta de artículos inútles, a la japonesa.


Poco espacio para las piernas, típico. Aparte, noten la mancha de grasa en la rodilla derecha. Creo que me la hice en Narita con la rueda de un carrito para llevar maletas. Así anduve hasta que pude comprarme otro pantalón. >_<


Andaba mocoso y pedí pañuelos. Yay, souvenir.


Como una hora después, Kansai se veía espectacular - primero Kyoto, luego Osaka pasaron frente a la ventana.


Llegamos a Itami, el aeropuerto "chico" de Osaka. La sala de llegadas es fea, como estación de camión de los setentas.



Aquí también Hiroko hizo un envío. Chequen el uniforme de la secretaria, tan bonito y típico de los negocios de servicio allá.


Era noche y alcanzamos apenas el camión a Kyoto.


La gente platicaba mucho para ser Japón. Había varios viejitos; algunos no dejaron de platicar entre ellos. "En Osaka la gente es más alegre", decía Hiroko.

Llegando a Kyoto, tuvimos el problema de que el metro, si bien existe, no es tan ubicuo e útil como en otras ciudades. Tuvimos que tomar taxi para llegar al hotel. De hecho el taxi fue nuestro principal modo de transporte.


Al fin llegamos al hotel, donde ya nos esperaban Satomi y Minori, dos de las mejores amigas de Hiroko.
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Mañana: Kyoto de noche.