Hiroko nunca quiso un anillo.
Para ella, los anillos son pequeños, caros y fáciles de perder. Mientras más caro, más estrés representa. Rara vez utiliza joyas.
Por otro lado, desde hace varios meses hemos hablado de matrimonio. Se dio natural, poco a poco. No había un momento que pudiéramos recordar, contar a los amigos y a los hijos.
Así llegó el fin de semana de nuestro tercer aniversario de novios. Es útil que el aniversario caiga en una fiesta nacional: pasaríamos el puente en la hermosa Guanajuato.
Hiroko no ama la joyería, pero sí la buena comida. Hizo de antemano una reservación en Las Mercedes, uno de los mejores restaurantes de la ciudad según TripAdvisor.
Guanajuato fue fundada en una cañada y poco a poco fue trepando los cerros circundantes; sus varias minas le sirven de límite. En uno de tales cerros, en una zona residencial de altura y fuera del típico camino del turista, el taxi nos depositó frente a la puerta del restaurante. Llegamos apenas a tiempo para nuestra reservación de las 8:00 pm.
No me dio pena entrar con mi mochila de viaje. Ya la había olvidado en la mañana y no me volvería a pasar que mis manos se vieran obstruidas por bolsas de compras. Ni siquiera me la quité para pasar al baño, cosa que tuve que hacer incluso antes de sentarme. >_< (Cuando se pasea, esas cosas suceden.)
La hospitalidad del lugar es tal que se diría que más bien hemos recibido una invitación a la casa del chef. El interior está hermosamente cuidado, a media luz y con música amena. Tras ser conducidos hasta nuestra mesa, con vista al exterior, el dueño nos visita y nos da la bienvenida.
La decoración es muy detallada, llena de estilo.
Hasta la Salsa Huichol está... vestida de huichol.
Por ser 16 de septiembre, hay un menú especial. Obtuvimos cocteles hechos con frutas mexicanas,
aperitivos,
un exquisito consomé
y como plato fuerte, Hiroko pidió pollo con mole verde
y yo, una gigantesca pierna de puerco.
A la hora del postre, quizás Hiroko habrá notado mi nerviosismo.
Generalmente, el anillo iría arriba del postre. Pero yo no tenía un anillo. Tenía esto:
Las flores fueron preparadas por el dueño del restaurante, a quien le previne apenas una hora antes de mi plan... fue asombroso cómo se esforzó al máximo por hacer de esta una hermosa experiencia. En lo que respecta al cuadro, fue una colaboración entre mi buen amigo Guillermo (quien hizo la caligrafía) y yo (los kanjis). Estos kanjis conllevan el significado de "matrimonio sólido para toda la vida". Aunque Hiroko dijo que, literalmente, sería algo así como "dos viejos en el mismo hoyo".
(El cuadro lo llevaba en la mochila. Entrar al baño fue un pretexto para darle el cuadro al dueño, quien se encargó de poner sobre aviso al personal y hacer los arreglos.)
Así fue nuestro momento, con mucha calidez, algunos aplausos, excelente comida y una memoria que durará toda la vida.
Mostrando las entradas con la etiqueta anécdota. Mostrar todas las entradas
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27 ene 2009
Perdí $50, pero el café estaba muy bueno.
La historia es como sigue.
En Ingenio SI nos estamos juntando, a partir de hoy, todos los martes a las 8:00 am para ponernos a trabajar en nuestros procesos internos.
Para obligarnos a llegar temprano y motivados, cada quien pusimos, previamente, $50 en una vaquita. Los que llegaran antes de las 8:00 am, recibirían sus $50 de vuelta, más una parte proporcional del dinero que no recibirían los que llegaran tarde.
Yo me preparé desde ayer, lunes. Le di raite a mi sobrino y eso hizo que tuviera que llegar a las 7:50 am. Me coordiné apropiadamente con Hugo, a quien le doy raite también, para poder llegar a la hora. Yo ya veía mis $50 en la bolsa.
Hoy me levanté a las 6:30 am. Hice algo de ejercicio, me alisté y desayuné. Todo a tiempo; todo normal.
Pasé por casa de Hugo, con quien comparto el vicio la afición por el café. Últimamente, tiene puesta su cafetera con una riquísima concocción de Taster's Choice Special Blend. Fuerte, aromático y robusto. Pero resulta que él no había puesto café todavía.
- No puse café; ¿cómo andamos de tiempo? El café sale en 6 minutos.
Eran las 7:30. Estimé 20 minutos de camino.
- Hmmm... sí la armamos.
Así que fue y regresó al poco rato, con ambas tazas de café en la mano. And off we go. Eran las 7:40.
El reloj avanza rápidamente y mi carro también. Hay más tráfico que ayer. Entramos al estacionamiento de CETYS a las 7:55.
Cuando llegamos a la puerta de Ingenio... estaba cerrada.
"¡8:01! ¡Llegaron tarde!"
¡GAAAH! ¡Solo por un minuto, y llegamos tarde! Mi reloj marcaba las 7:57. Pero no, el reloj del checador decía las 8:01 y nosotros nos jodimos.
Huelga decir que durante la junta (que yo coordiné, y que anoche estuve preparando hasta las 8:00 pm) tuve que ocultar una cierta sensación de malestar y enojo y descontento que sigue perdurando hasta este momento. Pero la junta fue productiva y creo que, al final, la acción de llegar temprano nos generará muchos beneficios.
Además, chingue su madre, el café estaba muy bueno.
En Ingenio SI nos estamos juntando, a partir de hoy, todos los martes a las 8:00 am para ponernos a trabajar en nuestros procesos internos.
Para obligarnos a llegar temprano y motivados, cada quien pusimos, previamente, $50 en una vaquita. Los que llegaran antes de las 8:00 am, recibirían sus $50 de vuelta, más una parte proporcional del dinero que no recibirían los que llegaran tarde.
Yo me preparé desde ayer, lunes. Le di raite a mi sobrino y eso hizo que tuviera que llegar a las 7:50 am. Me coordiné apropiadamente con Hugo, a quien le doy raite también, para poder llegar a la hora. Yo ya veía mis $50 en la bolsa.
Hoy me levanté a las 6:30 am. Hice algo de ejercicio, me alisté y desayuné. Todo a tiempo; todo normal.
Pasé por casa de Hugo, con quien comparto el vicio la afición por el café. Últimamente, tiene puesta su cafetera con una riquísima concocción de Taster's Choice Special Blend. Fuerte, aromático y robusto. Pero resulta que él no había puesto café todavía.
- No puse café; ¿cómo andamos de tiempo? El café sale en 6 minutos.
Eran las 7:30. Estimé 20 minutos de camino.
- Hmmm... sí la armamos.
Así que fue y regresó al poco rato, con ambas tazas de café en la mano. And off we go. Eran las 7:40.
El reloj avanza rápidamente y mi carro también. Hay más tráfico que ayer. Entramos al estacionamiento de CETYS a las 7:55.
Cuando llegamos a la puerta de Ingenio... estaba cerrada.
"¡8:01! ¡Llegaron tarde!"
¡GAAAH! ¡Solo por un minuto, y llegamos tarde! Mi reloj marcaba las 7:57. Pero no, el reloj del checador decía las 8:01 y nosotros nos jodimos.
Huelga decir que durante la junta (que yo coordiné, y que anoche estuve preparando hasta las 8:00 pm) tuve que ocultar una cierta sensación de malestar y enojo y descontento que sigue perdurando hasta este momento. Pero la junta fue productiva y creo que, al final, la acción de llegar temprano nos generará muchos beneficios.
Además, chingue su madre, el café estaba muy bueno.
31 dic 2007
Mis nueve días de navidad: Prólogo
Anoche, alrededor de las 11 pm, mis papás y yo regresamos a casa, a Mexicali.
El cúmulo de experiencias vividas, sea por su variedad, por su complejidad o tal vez por su sencillez, no podrían quedar justificadas en un solo relato. Sí puedo decir, en una frase, que esta navidad queda clasificada como "importante"; ciertamente fue una ocasión para descansar, aprender, disfrutar, pensar, cansarse, rezar, abrazarse... vivir.
Desde el inicio pensé que sería una mejor idea si hacía un relato, día por día. Solo así podría acercarme a hacerle justicia a las diversas vivencias. Con este propósito, me llevé la laptop, no para conectarme a internet (hacer un "broadcasting" en vivo habría sido ideal, pero poco asequible), sino más bien como repositorio de las fotos que procuré ir tomando, en su doble función de arte y de memoria visual.
---------------------------------------
A manera de prólogo.
¿Cómo es la vida de un geek? En mi caso, rodeada de computadoras que significan, al mismo tiempo, trabajo, estudio y diversión; vehículo de comunicación y, a veces, fuente de frustración. Como sea, el geek también requiere el contacto humano - de otra manera no podría ser plenamente geek: es la eterna cuestión filosófica: ¿si el árbol cae cuando nadie lo oye, realmente cayó? El geek se expresa como tal cuando convive como tal, sea con los demás o consigo mismo.
Con todo, la interacción implica que un geek no puede quedarse en el frío mundo del metal y los intangibles bienes electrónicos. Como toda persona, buscamos, a veces anhelamos el contacto humano. En mayor o menor medida, me es necesario transgredir mi barrera para encontrar experiencias diferentes, agregándolas a mi sistema.
La semana anterior a la partida fue una de menos trabajo y más preparación psicológica. Lo que no salió, no salió; lo que hay que preparar, a hacerlo rápido. Ir a conseguir regalos tendrá que ser más pronto; preferiblemente cuando a nadie se le ocurra cruzar a Calexico. Las bolsas de regalos se acumularon en mi cuarto; cumplí con varios compromisos; a instancias de mi mamá, aparté la ropa para llevarme y tuve que comprar ropa interior nueva.
El día 20 de diciembre fue jueves; ustedes lo recordarán. Yo lo recuerdo como mi último día de trabajo de este año: en consideración a ello, en Ingenio fuimos a comer; más tarde, tuvimos nuestro brindis.
Todos somos amigos en Ingenio, por lo que, a pesar del ambiente gris-azulado, institucional, los civilizados deseos de prosperidad terminaron dando paso a momentos más informales. Hugo, nuestro presidente, nos anunció que el 2008 viene cargado de momentos emocionantes como empresa, por lo que debíamos prepararnos: el máximo esfuerzo nos será exigido tan pronto pongamos un pie en el inmueble, desde el día 2 de enero.

Tan pronto salí, acudí a casa de Olga, con la intención de darle a su novio Vincent su abrazo de navidad y su despedida. La idea original era ir a un café, pero Olga andaba algo enferma de la gripa, por lo que me recibió en pijama en su casa.
Más tarde llegó el Chino, quien nos pidió un favor. El bato, por muy seco que pueda ser, también es detallista, sobre todo cuando quiere quedar bien con alguien. Esta vez se decidió por regalar a cierta persona, con quien está desarrollando lazos, una interesante tarjeta de cumpleaños: una canción; más exactamente, la - desafinada - interpretación de alguna canción de Los Beatles, misma que terminó siendo "I want to hold your hand".
Como siempre, el Chino andaba cansado de su trabajo en la planta de Sony.
Aquí estaba estudiando la letra de la canción.
El Chino puso la idea, el micrófono y el sentimiento; yo, la guitarra y el software de grabación; Olga la sala de su casa y el internet; Vincent los rasgueos... y todos, nuestras laptops.
Resultó que "el Vicente" sabe de guitarra clásica y rápidamente
pudo sacar la canción, con todo y bajeos.
Los lectores de este blog recordarán que Olga es mi amiga de la universidad que se fue a estudiar su posgrado a Italia; desde antes ya conocía a Vincent, quien es oriundo del sur de Francia; al encontrarse, su ciber-amistad se tornó en un fructífero noviazgo.
Ambos acababan de regresar de un tour por el centro de México, similar a lo que yo habría de experimentar. Para Olga, significó conocer mejor sus raíces; para Vincent fue una experiencia cultural. Esa noche, para todos, fue algo multinacional: los mexicanos y el francés cantábamos en inglés una canción (de los Beatles, para ser exactos) para una muchacha china radicada en Costa Rica.
Fue muy divertido. Pero también me puso a pensar: ¿cómo se llevan las familias multinacionales? O más bien: ¿de dónde sale esta multiculturalidad? Me maravillé con las posibilidades que los medios actuales ofrecen.
Yo, sin embargo, estaba a punto de sumergirme en lo contrario: sería un viaje de nueve días hacia atrás, hacia mis propias raíces; conviviría con familias en donde el internet, la pluriculturalidad y los rápidos cambios de la aldea global tienen menos efecto que la tradición del día a día, el contacto físico y la fraternidad. Lo que iría a (re)descubrir no solo sigue el rastro de mi propia herencia familiar: es su evolución en un medio distinto, en un México diferente, en una localidad de tradiciones y valores diferentes, tradicionales... ¿obsoletos?
Ya desde antes, había estado yo sobre el rastro de poder abrirme más hacia mi propia familia nuclear: mis papás. Ellos envejecen; yo avanzo con paso firme hacia los treinta. En este orden de cosas, ¿cómo me corresponde interactuar? ¿Cómo debe evolucionar mi relación para con ellos, de manera que no se me escape ningún momento? ¿Cómo abrir más mi corazón, sin llegar a la inmadurez o la vulnerabilidad?
En mi cabeza quedaron las preguntas mientras regresaba de mi pequeña juerga, más o menos a las once treinta... y se volatilizaron al encontrarme una casa iluminada y - para mi molestia - muy activa (y con lo cansado que estaba...) Al final, terminamos durmiéndonos a la una de la mañana; solo tendríamos cuatro míseras horas para recuperarnos, arreglarnos y tomar el vuelo de las siete.
El cúmulo de experiencias vividas, sea por su variedad, por su complejidad o tal vez por su sencillez, no podrían quedar justificadas en un solo relato. Sí puedo decir, en una frase, que esta navidad queda clasificada como "importante"; ciertamente fue una ocasión para descansar, aprender, disfrutar, pensar, cansarse, rezar, abrazarse... vivir.
Desde el inicio pensé que sería una mejor idea si hacía un relato, día por día. Solo así podría acercarme a hacerle justicia a las diversas vivencias. Con este propósito, me llevé la laptop, no para conectarme a internet (hacer un "broadcasting" en vivo habría sido ideal, pero poco asequible), sino más bien como repositorio de las fotos que procuré ir tomando, en su doble función de arte y de memoria visual.
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A manera de prólogo.
¿Cómo es la vida de un geek? En mi caso, rodeada de computadoras que significan, al mismo tiempo, trabajo, estudio y diversión; vehículo de comunicación y, a veces, fuente de frustración. Como sea, el geek también requiere el contacto humano - de otra manera no podría ser plenamente geek: es la eterna cuestión filosófica: ¿si el árbol cae cuando nadie lo oye, realmente cayó? El geek se expresa como tal cuando convive como tal, sea con los demás o consigo mismo.
Con todo, la interacción implica que un geek no puede quedarse en el frío mundo del metal y los intangibles bienes electrónicos. Como toda persona, buscamos, a veces anhelamos el contacto humano. En mayor o menor medida, me es necesario transgredir mi barrera para encontrar experiencias diferentes, agregándolas a mi sistema.
La semana anterior a la partida fue una de menos trabajo y más preparación psicológica. Lo que no salió, no salió; lo que hay que preparar, a hacerlo rápido. Ir a conseguir regalos tendrá que ser más pronto; preferiblemente cuando a nadie se le ocurra cruzar a Calexico. Las bolsas de regalos se acumularon en mi cuarto; cumplí con varios compromisos; a instancias de mi mamá, aparté la ropa para llevarme y tuve que comprar ropa interior nueva.
El día 20 de diciembre fue jueves; ustedes lo recordarán. Yo lo recuerdo como mi último día de trabajo de este año: en consideración a ello, en Ingenio fuimos a comer; más tarde, tuvimos nuestro brindis.
Todos somos amigos en Ingenio, por lo que, a pesar del ambiente gris-azulado, institucional, los civilizados deseos de prosperidad terminaron dando paso a momentos más informales. Hugo, nuestro presidente, nos anunció que el 2008 viene cargado de momentos emocionantes como empresa, por lo que debíamos prepararnos: el máximo esfuerzo nos será exigido tan pronto pongamos un pie en el inmueble, desde el día 2 de enero.
Tan pronto salí, acudí a casa de Olga, con la intención de darle a su novio Vincent su abrazo de navidad y su despedida. La idea original era ir a un café, pero Olga andaba algo enferma de la gripa, por lo que me recibió en pijama en su casa.
Más tarde llegó el Chino, quien nos pidió un favor. El bato, por muy seco que pueda ser, también es detallista, sobre todo cuando quiere quedar bien con alguien. Esta vez se decidió por regalar a cierta persona, con quien está desarrollando lazos, una interesante tarjeta de cumpleaños: una canción; más exactamente, la - desafinada - interpretación de alguna canción de Los Beatles, misma que terminó siendo "I want to hold your hand".
Aquí estaba estudiando la letra de la canción.
El Chino puso la idea, el micrófono y el sentimiento; yo, la guitarra y el software de grabación; Olga la sala de su casa y el internet; Vincent los rasgueos... y todos, nuestras laptops.
pudo sacar la canción, con todo y bajeos.
Los lectores de este blog recordarán que Olga es mi amiga de la universidad que se fue a estudiar su posgrado a Italia; desde antes ya conocía a Vincent, quien es oriundo del sur de Francia; al encontrarse, su ciber-amistad se tornó en un fructífero noviazgo.
Ambos acababan de regresar de un tour por el centro de México, similar a lo que yo habría de experimentar. Para Olga, significó conocer mejor sus raíces; para Vincent fue una experiencia cultural. Esa noche, para todos, fue algo multinacional: los mexicanos y el francés cantábamos en inglés una canción (de los Beatles, para ser exactos) para una muchacha china radicada en Costa Rica.
Fue muy divertido. Pero también me puso a pensar: ¿cómo se llevan las familias multinacionales? O más bien: ¿de dónde sale esta multiculturalidad? Me maravillé con las posibilidades que los medios actuales ofrecen.
Yo, sin embargo, estaba a punto de sumergirme en lo contrario: sería un viaje de nueve días hacia atrás, hacia mis propias raíces; conviviría con familias en donde el internet, la pluriculturalidad y los rápidos cambios de la aldea global tienen menos efecto que la tradición del día a día, el contacto físico y la fraternidad. Lo que iría a (re)descubrir no solo sigue el rastro de mi propia herencia familiar: es su evolución en un medio distinto, en un México diferente, en una localidad de tradiciones y valores diferentes, tradicionales... ¿obsoletos?
Ya desde antes, había estado yo sobre el rastro de poder abrirme más hacia mi propia familia nuclear: mis papás. Ellos envejecen; yo avanzo con paso firme hacia los treinta. En este orden de cosas, ¿cómo me corresponde interactuar? ¿Cómo debe evolucionar mi relación para con ellos, de manera que no se me escape ningún momento? ¿Cómo abrir más mi corazón, sin llegar a la inmadurez o la vulnerabilidad?
En mi cabeza quedaron las preguntas mientras regresaba de mi pequeña juerga, más o menos a las once treinta... y se volatilizaron al encontrarme una casa iluminada y - para mi molestia - muy activa (y con lo cansado que estaba...) Al final, terminamos durmiéndonos a la una de la mañana; solo tendríamos cuatro míseras horas para recuperarnos, arreglarnos y tomar el vuelo de las siete.
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22 oct 2007
Mermelada de chayotes (otro post de fin de semana)
¿Fin de semana? Me fue bien, gracias.
Ayer descansé, jugué Pokemón (sin complejo de culpa, porque no tengo por qué tenerlo... hay quienes se emborrachan; yo gano batallas imaginarias); ayer sábado, tras trabajar, me decidí a no quedarme en casa y de todas formas las circunstancias me condujeron a invitarme a mí mismo a comer, aunque tarde. Mucho más tarde, Gladys, amiga del coro, me aceptó la invitación y fuimos a las Fiestas del Sol.
Por su parte, mis papás descansaron de una ajetreada jornada el viernes, que consistió básicamente en arrear niños con mucha energía y poca disciplina en los museos de San Diego. El mismo sábado, sin embargo, mi madre dio tres masajes, los cuales terminaron agotándola más.
Hoy, comida china, más descanso, más Pokemón, misa y luego un pastelito. Di una plática y aprendí mucho dándola. Estoy contento, estoy recuperado. Mi mamá tuvo dolor de cabeza u.u; y ya si no, con todo el esfuerzo que hizo.
Mañana será un día de reto, y mucho. Me siento como un día antes de la entrega del final. Probablemente porque tenemos planeado quedarnos a no dormir en la oficina.
------------------------------
En otras noticias: Dumbledore es gay.
------------------------------
Chiste del que me acordé hoy a mediodía.
El papel crepè cumplió años e invitó a todos los papeles. Ahí estaban: el papel de china, el papel estraza; el papel periódico, siempre con su plática tan interesante e informada; el papel cebolla, que a todos cae bien porque es muy transparente...
Todos se la pasaban chilo, pero de repente llegaron ¡las tijeras!
- ¡Así los quería agarrar! - dijeron. - ¡Ahora sí van a morir!
De repente, se apagan las luces en la casa, se escuchan golpes tipo Batman (¡BIFF! ¡POW! ¡BAM!) y cuando se vuelven a prender, las tijeras están amarradas a una silla, golpeadas, amordazadas y en general ya no son una amenaza. Junto a ellas, de impecable blanco, estaba un papel con finta de héroe.
Por supuesto que los papeles se mostraron agradecidos: "¡Oh, muchas gracias! ¡Te debemos la vida! ¿Quién eres?"
"Bond... papel Bond."
*bada-chíss*
Ayer descansé, jugué Pokemón (sin complejo de culpa, porque no tengo por qué tenerlo... hay quienes se emborrachan; yo gano batallas imaginarias); ayer sábado, tras trabajar, me decidí a no quedarme en casa y de todas formas las circunstancias me condujeron a invitarme a mí mismo a comer, aunque tarde. Mucho más tarde, Gladys, amiga del coro, me aceptó la invitación y fuimos a las Fiestas del Sol.
Por su parte, mis papás descansaron de una ajetreada jornada el viernes, que consistió básicamente en arrear niños con mucha energía y poca disciplina en los museos de San Diego. El mismo sábado, sin embargo, mi madre dio tres masajes, los cuales terminaron agotándola más.
Hoy, comida china, más descanso, más Pokemón, misa y luego un pastelito. Di una plática y aprendí mucho dándola. Estoy contento, estoy recuperado. Mi mamá tuvo dolor de cabeza u.u; y ya si no, con todo el esfuerzo que hizo.
Mañana será un día de reto, y mucho. Me siento como un día antes de la entrega del final. Probablemente porque tenemos planeado quedarnos a no dormir en la oficina.
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En otras noticias: Dumbledore es gay.
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Chiste del que me acordé hoy a mediodía.
El papel crepè cumplió años e invitó a todos los papeles. Ahí estaban: el papel de china, el papel estraza; el papel periódico, siempre con su plática tan interesante e informada; el papel cebolla, que a todos cae bien porque es muy transparente...
Todos se la pasaban chilo, pero de repente llegaron ¡las tijeras!
- ¡Así los quería agarrar! - dijeron. - ¡Ahora sí van a morir!
De repente, se apagan las luces en la casa, se escuchan golpes tipo Batman (¡BIFF! ¡POW! ¡BAM!) y cuando se vuelven a prender, las tijeras están amarradas a una silla, golpeadas, amordazadas y en general ya no son una amenaza. Junto a ellas, de impecable blanco, estaba un papel con finta de héroe.
Por supuesto que los papeles se mostraron agradecidos: "¡Oh, muchas gracias! ¡Te debemos la vida! ¿Quién eres?"
"Bond... papel Bond."
*bada-chíss*
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16 sep 2007
P.
Creo que a P. lo conocí cuando era novio de O., quien es parte de la "vieja" generación del coro de mi parroquia. Los del coro pasamos mucho tiempo juntos, compartiendo vivencias, de modo que es natural que, ya egresados, permanezcan los lazos de amistad, aún si solo nos vemos en los cumpleaños.
P. y O. se casaron y los otros ex-miembros del coro tal vez se acercaron más a ellos, pero al menos yo los seguí viendo en los cumpleaños. Lo que sí es cierto es que mi imagen mental de ellos es de cariño; si bien ambos con una personalidad callada, reservada, eso no quiere decir que no estaban contentos.
----------------
El martes pasado, como a las 10:00 am, estaba como de costumbre en mi escritorio, en Ingenio, cuando Krystian y Melissa me preguntaron si quería algo de la cafetería. "Pues vamos", les dije. Estaba algo caluroso ya a esa hora.
Recorriendo el camino hacia la cafetería principal del CETYS me llegó un mensaje de M., otra de mis amigas del coro... un mensaje, por lo menos, inusual.
- "¿Qué pasó?" - reaccionaron mis amigos.
- "...me mandaron un mensaje. Falleció un amigo."
El día habría sido muy bueno de otra manera.
----------------
A las 8:00 pm paso por otra de mis amigas del coro, quien vive a un par de cuadras de mi casa.
- "¿Qué fue lo que le pasó? ¿Tú sabes algo?" - le pregunté en cuanto se subió al carro.
- "Parece que ya traía complicaciones del hígado. No le coagulaba la sangre. Como que tuvo una hemorragia interna..."
- "..."
- "Según me dijo A., lo internaron desde el viernes."
- "Al menos no fue tan repentino", me dije. "O. habrá tenido un poco de tiempo para hacerse a la idea."
Llegamos al velatorio para encontrar a mucha gente y entre ella, a O. desconsolada. Impresionantemente desconsolada... llenamente desconsolada.
Poco a poco fueron llegando los demás. A., su mejor amiga y mi comadre (O. y yo fuimos padrinos de bautizo del primer hijo de A.) había estado con ella durante la tarde. "Eran una pareja muy compenetrada", me comenta. "Siempre los veías juntos."
Los amigos nos fuimos congregando y estuvimos ahí un rato. Fue una reunión, no por predecible, menos extraña. Al cabo de un rato, resolvimos pedir permiso a O. y tras acceder, cantamos; afortunadamente llevaba mi guitarra. Fue un canto dulce, de alabanza, de tranquilidad, pero no suficiente... no todavía.
Mi recuerdo más profundo de esa noche fue acercarme a O. cuando estaba frente al féretro de su marido. Ella no lo podía creer; no tenía que decir nada para expresar cuán profundamente deseaba levantarlo, sacarlo de ahí, llevarlo a casa a cenar lo que él le gustara e irse a dormir como todos los días. Quizás aún tratando de aceptar que eso ya no se podía, si bien la semana pasada había estado tan normal como siempre, O. lo besó a través del cristal. Ambos sabían que la enfermedad crónica de P. podría cobrar su vida, pero ¿tan pronto?
----------------
Ayer sábado no alcancé a llegar a una de las misas que se ofrecieron en favor de P., pero sí alcancé a estar con los que iban saliendo. O. se veía más recuperada... no diré más optimista, pero sí fue capaz de aceptar y hacer bromas. Estuvimos en el atrio de la parroquia un ratito, junto con su familia, y cuando nos íbamos comenzó a llover. "Ay, comadre, está lloviendo; de seguro porque no te bañas." "Usted fue el que no se bañó, ¿verdad, compadre?"
----------------
A P. lo conocí poco. Solo lo suficiente para saber que sí fue una buena persona, que quería fervientemente a O., y eso me basta. Yo seguiré rezando por él esta semana (ahí si me quieren hacer el paro), pero también por O., porque necesita recuperarse, levantarse... seguir su vida.
Lo que sí es cierto es que solo Dios sabe por qué hace las cosas. Un argumento por lo menos débil para quienes no creen en Dios (o quienes creen en que no hay dios, más exactamente), pero potente para los que vivimos en la fe, siempre que confiemos en que Dios tiene un buen camino para nosotros... por muy torcido que pueda parecer a veces.
P. y O. se casaron y los otros ex-miembros del coro tal vez se acercaron más a ellos, pero al menos yo los seguí viendo en los cumpleaños. Lo que sí es cierto es que mi imagen mental de ellos es de cariño; si bien ambos con una personalidad callada, reservada, eso no quiere decir que no estaban contentos.
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El martes pasado, como a las 10:00 am, estaba como de costumbre en mi escritorio, en Ingenio, cuando Krystian y Melissa me preguntaron si quería algo de la cafetería. "Pues vamos", les dije. Estaba algo caluroso ya a esa hora.
Recorriendo el camino hacia la cafetería principal del CETYS me llegó un mensaje de M., otra de mis amigas del coro... un mensaje, por lo menos, inusual.
- "¿Qué pasó?" - reaccionaron mis amigos.
- "...me mandaron un mensaje. Falleció un amigo."
El día habría sido muy bueno de otra manera.
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A las 8:00 pm paso por otra de mis amigas del coro, quien vive a un par de cuadras de mi casa.
- "¿Qué fue lo que le pasó? ¿Tú sabes algo?" - le pregunté en cuanto se subió al carro.
- "Parece que ya traía complicaciones del hígado. No le coagulaba la sangre. Como que tuvo una hemorragia interna..."
- "..."
- "Según me dijo A., lo internaron desde el viernes."
- "Al menos no fue tan repentino", me dije. "O. habrá tenido un poco de tiempo para hacerse a la idea."
Llegamos al velatorio para encontrar a mucha gente y entre ella, a O. desconsolada. Impresionantemente desconsolada... llenamente desconsolada.
Poco a poco fueron llegando los demás. A., su mejor amiga y mi comadre (O. y yo fuimos padrinos de bautizo del primer hijo de A.) había estado con ella durante la tarde. "Eran una pareja muy compenetrada", me comenta. "Siempre los veías juntos."
Los amigos nos fuimos congregando y estuvimos ahí un rato. Fue una reunión, no por predecible, menos extraña. Al cabo de un rato, resolvimos pedir permiso a O. y tras acceder, cantamos; afortunadamente llevaba mi guitarra. Fue un canto dulce, de alabanza, de tranquilidad, pero no suficiente... no todavía.
Mi recuerdo más profundo de esa noche fue acercarme a O. cuando estaba frente al féretro de su marido. Ella no lo podía creer; no tenía que decir nada para expresar cuán profundamente deseaba levantarlo, sacarlo de ahí, llevarlo a casa a cenar lo que él le gustara e irse a dormir como todos los días. Quizás aún tratando de aceptar que eso ya no se podía, si bien la semana pasada había estado tan normal como siempre, O. lo besó a través del cristal. Ambos sabían que la enfermedad crónica de P. podría cobrar su vida, pero ¿tan pronto?
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Ayer sábado no alcancé a llegar a una de las misas que se ofrecieron en favor de P., pero sí alcancé a estar con los que iban saliendo. O. se veía más recuperada... no diré más optimista, pero sí fue capaz de aceptar y hacer bromas. Estuvimos en el atrio de la parroquia un ratito, junto con su familia, y cuando nos íbamos comenzó a llover. "Ay, comadre, está lloviendo; de seguro porque no te bañas." "Usted fue el que no se bañó, ¿verdad, compadre?"
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A P. lo conocí poco. Solo lo suficiente para saber que sí fue una buena persona, que quería fervientemente a O., y eso me basta. Yo seguiré rezando por él esta semana (ahí si me quieren hacer el paro), pero también por O., porque necesita recuperarse, levantarse... seguir su vida.
Lo que sí es cierto es que solo Dios sabe por qué hace las cosas. Un argumento por lo menos débil para quienes no creen en Dios (o quienes creen en que no hay dios, más exactamente), pero potente para los que vivimos en la fe, siempre que confiemos en que Dios tiene un buen camino para nosotros... por muy torcido que pueda parecer a veces.
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