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3 feb 2012

El templo Higashi Honganji y la Estación de Kyoto


Ya la tarde iba cayendo y era hora de un paseíto. Había que comprar los boletos para ir el día siguiente a Okayama, la ciudad natal de Hiroko, así que iríamos a la estación de Kyoto.


Pero antes de eso teníamos tiempo de ir a un templo que nos quedaba a menos de media cuadra: el Higashi Honganji (東本願寺). Honganji significa algo así como "templo del libro verdadero" o "de la oración verdadera". Higashi es "este". Hay un "Nishi Honganji" (nishi = oeste) que queda apartado varias cuadras. Tanto uno como el otro son sedes de ciertas ramas del budismo japónes; cuando esta era la capital imperial, los dos templos fueron uno solo, pero en tiempos del shogun Tokugawa Ieyasu, éste  dividió a la secta para disminuir el poder político de sus monjes.


El letrero con frases budistas es iluminado en las noches utilizando la energía solar recogida en el día. Muy congruente con la vocación de respeto a la naturaleza de los budistas.

 


El templo tiene varias entradas; esta es una de las "chiquitas".


En la puerta vemos los símbolos imperiales.



 

Este es el recinto mayor, colosal en dimensiones; tengo la idea de que tiene un récord por ellas.

La fuente de purificación tiene un dragón. 


Una mirada al interior.


El letrero nos informa que esta es 'la sala de los fundadores'.

Desafortunadamente, llegué justo cuando estaban cerrando. Atrás de los páneles blancos del fondo hay inmensas estatuas que representan a los fundadores de esta rama del budismo japonés. Si tan solo me hubiera alcanzado a quitar los zapatos más rápidamente...

Así que como ya nos decían que nos fuéramos, dimos marcha atrás.



Salimos por la puerta principal, casi tan alta como el edificio.



En el exterior del recinto, frases budistas buscan hacer reflexionar a los transeúntes.
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Ahora caminamos un par de cuadras hacia el sur para llegar a la Estación de Ferrocarriles (central) de Kyoto. 

En el camino, me tocó ver al ¿novio? ¿hermano? de la Estatua de la Libertad.


Pasamos de nuevo junto a la Torre de Kyoto.

En el denso Japón, el tren es el transporte más práctico y socorrido. Las vías férreas, que no las carreteras, son las principales arterias de comunicación y, por tanto, cada estación es un polo de desarrollo económico, así como un centro de tránsito. Las principales estaciones en cada ciudad son grandes y suelen incluir centros comerciales contiguos; en algunos casos, como éste, también son los puntos desde donde salen autobuses urbanos y foráneos.

Primero bajamos a uno de los centros comerciales, "Porta". Por ahí un letrero decía "Porta Plaza". Me imaginé un dispositivo para transportar plazas. XD


En esta escalera la gente se paraba a la izquierda y caminaba por la derecha... pero creo que en Kyoto no hay una regla definida al respecto, a diferencia de Tokyo y de Osaka.

 Buscábamos en los andenes de los autobuses el lugar en donde podríamos comprar el boleto para Okayama.


Mientras tanto, pasamos de nuevo al único cajero automático confiable, el de las oficinas de correo.


Y luego, a seguir recorriendo centros comerciales subterráneos. Nos dijeron que teníamos que pasar del otro lado de la estación. Curiosamente esto fue más fácil de decir que de hacer.


La estación es inmensa como es hermosa.  Hubo que subir al 2o. piso para poder cruzar.

Toda el área de la estación, y alrededor de ella, contiene un gran flujo de personas, flanqueadas por locales comerciales, interesante arquitectura modernista y la ocasional exposición artística, como la de abajo, que es de ikebana.




Estábamos cansados y eventualmente dejé de tomar fotos. Terminamos comprando los boletos en el lobby de un hotel, con el cual dimos mucho tiempo después del que hubiéramos querido.

Japón, eres chilo, pero te hacen falta centrales camioneras. O por lo menos pon taquillas accesibles para tus autobuses foráneos. No todo el mundo podemos ir siempre en tren.


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En el próximo post: nochevieja en la ciudad; recibiendo el año nuevo a la japonesa.

20 ene 2011

El Japón cotidiano: Tsukiji, los suburbios, Shinjuku


Después de Tsukiji...


...pasando frente a la puerta del mercado...


...nos enfrentamos de nuevo a la maraña de trenes. 


Iremos ahora a casa de Satomi, quien nos invitó a conocerla.


Satomi vive en Tokyo, pero no en la sección principal, formada por los 23 "barrios" o "ciudades especiales" (ku, ) que forman oficialmente la Metrópolis de Tokyo, sino en uno de los suburbios del oeste, en la zona colectivamente llamada "Tama" (多摩).


Allá la renta es más barata y la vida más tranquila. Así que para llegar ahí, reproducimos parte del trayecto que muchos japoneses realizan al viajar de la casa al trabajo, pasando por la estación de Shinjuku, una estación y centro de transferencia de tráfico entre el tren JR, los metros y autobuses. 


Atendiendo a 3.6 millones de pasajeros diariamente (según cifras de 2007), la estación de Shinjuku es la más concurrida del mundo. También es muy grande - más de 200 salidas. Pero por ahora, solo vamos de paso, y hay que caminar rápido.  


La zona de Shinjuku también es famoso por ser centro de la moda en Tokyo. Más tarde en nuestro viaje lo recorreremos. 


Por ahora, sin embargo, hay que pasar del metro al tren de cercanías que comunica con la región de Tama.



Las estaciones de JR siempre parecen ser "de tren" y no "de metro". Hay ciertos aspectos que las diferencían: la iluminación, la altura del cielo raso, el hecho de que suelen estar abiertas al aire.


Abordemos.


Todos los trenes están tapizados de anuncios... eso sí, todos recientes y legibles, ninguno roto ni nada. Éste anuncia una publicación referente a las niñas de AKB48

En una de esas, nos tocó ver, en una terminal de metro, cómo un señor de Mantenimiento cambiaba de anuncios rápidamente. Cada lugar donde se puede poner un anuncio tiene un numerito. Me imagino que los diferentes lugares podrían tener diferentes costos, según su visibilidad.


Lo había leído antes, pero no lo había constatado. Las estaciones de tren fungen como centros urbanos. El tren va a ras del suelo, de modo que, habiendo salido de la zona central de Tokyo, es posible observar cómo los edificios disminuyen de tamaño y densidad... excepto cuando uno va llegando a una estación.  


Nos bajamos en la estación de Musashi-Koganei (武蔵小金井駅)de la línea Chuo (que va a Nagoya). El tren iba retacado de gente que regresaba a sus casas después del trabajo. La estación está en el corazón de la ciudad de Koganei, uno de tantos humildes suburbios (y sin embargo, hospeda los centros corporativos de los estudios Gainax y Ghibli).


Algunos muchachos inclusive traían uniforme escolar... se supone que están de vacaciones, pero Hiroko me dice que algunos van a eventos especiales o a entrenamientos.

El viaje desde Shinjuku hasta acá fue como de media hora.


Un pequeño centro comercial está justo afuera de la salida norte. Ahí fuimos a comprar algo para beber.


Entramos en un pequeño supermercado subterráneo - posiblemente un Seiyu. Lo que sí recuerdo es que ofrecían la tarjeta de crédito Walmart. 


Las muchachas, jugos; yo elegí una Calpis Soda. 


Subimos a un camión urbano. Cuántas diferencias con México... cuesta ennumerarlas. 
Se paga al bajar, no al subir. Hay que pagar en una máquina con cambio exacto (y ser rápidos). 
El camión es limpísimo y no se maneja brusco. Los asientos son cómodos.
Hay paradas designadas, las cuales tienen nombre; al frente del camión hay un letrero luminoso que va anunciando en dónde se está. Si se desea bajar, se presiona un botón que no hace ruido.
El chofer *apaga* el camión en los semáforos para evitar gastar gasolina y contaminar de más.
Finalmente, el camión es japonésmente puntual. 

Con todo, sigue siendo un camión.


Ya caía la aurora para cuando bajamos. Hubo que caminar algunas cuadras.
Esta calle secundaria está llena de puestos de ramen - cosa que le encanta a Satomi.


Al pasar por estas calles, no pude dejar de sentir un cierto "ambiente de ánime". Díganme si no.



Quien vive en una casa particular, especialmente en Tokyo, es que tiene dinero, o por lo menos ahorró bastante. 

Satomi vive en un departamento chiquitito, en un edificio que es propiedad de la institución para la que trabaja; gracias a ello paga una renta reducida. 


Cantamos karaoke... en español. Hiroko, Satomi y Minori se conocieron en la universidad, donde estudiaron juntas la carrera de Español y Cultura Latinoamericana. Así que a las tres les interesa la "onda latina", por decirlo así.


En la casa de Satomi fue el primer lugar donde tuve que quitarme los zapatos para entrar.


Té verde y mandarinas para los invitados. Los productos mexicanos los llevamos nosotros a las muchachas. La idea era hacer una cena mexicana... pero estábamos llenos todavía.

Se fue acabando el fin de semana. Minori, que vive en Nagoya, debía apresurarse para tomar el tren bala... así que, con pocas ganas, partimos.


El edificio tiene nombre. En Japón, todas las casas particulares deben tener el apellido de la familia que vive ahí, e idealmente los nombres de sus integrantes. En el caso de los edificios de departamentos, aparentemente esta es la alternativa.

Satomi nos acompañó hasta la estación, donde nos despedimos de ella. Minori, Hiroko y yo montamos en el tren hacia Shinjuku; Minori se bajó algunas estaciones adelante para transbordar al Shinkansen. La partida fue melancólica. Estuvimos muy contentos con nuestras guías, que nos atendieron de maravilla.



A continuación, Hiroko atendería una reunión con sus amigos. Nos equivocamos de estación y tuvimos que desandar algo de camino... se hacía tarde, así que cuando bajamos, no hubo mucho tiempo de tomar fotos al centro comercial que acompañaba a la estación correcta, Kokubunji (国分寺駅), en la ciudad de Kokubunji.


Cerca de este Denny's está Tatsunoko, estudio responsable, entre otras cosas, de Ghost in the Shell, Evangelion, así como de RobotechFuerza G y Los Gatos Samurai, algunas de las principales series que llamaron la atención del mundo hacia la caricatura japonesa. (De haber sabido mientras estuve ahí...)


Un pachinko cercano.

Aún y estando algo oscuras, las calles del suburbio no se sienten peligrosas. No importa mucho que seamos forasteros en evidente búsqueda de una dirección. La gente es tranquila; saber que no te pasará nada hace una gran diferencia.


Hiroko esperaba ver a sus amigos en este café, el cual promulga la filosofía de "tómate las cosas con calma". El café, me dijo, fue fundado por un profesor de su universidad, y siempre había tenido ganas de venir. El ambiente era entre tropical y hippie - un contraste a la vida high-tech del tokiota. (Mexicalenses: hagan de cuenta el Slow Down).

 Adentro daban una conferencia sobre educación Montessori, la cual esperamos a que acabara; los amigos de Hiroko estaban en ella, según esto.


Al lado estaba este otro local. Es, al parecer, una cadena originaria de la "sección tropical" del país nipón, las islas de Okinawa. A Blue Seal hay que ir por su helado.



Hacía frío y fui por un café. Las bebidas de arriba son "frescas"; las de abajo, "tibiecitas". 
Mientras esperábamos, comenzaba a compartir con Hiroko mis impresiones de Japón: la urbanización, la civilidad, la conveniencia de tantas cosas, la ecología, la ubicuidad de los trenes. Me preguntaba por qué en América no podemos hacer las cosas más similares a esto.

Acabó la reunión, pero Hiroko no encontró a sus amigos. Tras un rato de deliberar qué hacer, y ante el hecho de no tener un celular, decidimos buscar un teléfono público. Yo había visto algunos frente a la estación.


Así que regresamos.


Terminamos usando otros teléfonos dentro de la estación. Estas cajas verdes son los teléfonos públicos. Curiosamente, son más ubicuos que, por ejemplo, en Estados Unidos, no obstante que en Japón cada persona tiene un celular. 

Mientras Hiroko llamaba, una persona ocupó uno de los teléfonos de atrás, brevemente. Era de edad avanzada. Quizás por eso Japón no ha retirado este servicio: respeta a sus ancianos. 

Si no tienes tarjeta telefónica (la cual no se vende en cantidades pequeñas de dinero) el teléfono es medio rata. Solo admite monedas de 10 yenes o de 100 yenes, y solo pueden echarse cinco de cada género a la vez. . Las de 10 yenes duran muy poco y las de 100, demasiado. Además, no dan cambio.

Resultó que una de las amigas de Hiroko sí había estado en el café, pero no la vimos. La persona con la que Hiroko llamó (largo y tendido) no podría atendernos; vivía cerca de nuestro hotel, pero las presiones del trabajo son duras. Nada personal; el japonés vive una vida muy exacta y los imprevistos pueden ser difíciles de manejar.


Estamos cansados, pero al fin solos. Con todo, aún tenemos un poquito de cuerda - y lo más importante, tenemos hambre.


Ya a esta hora, el tren está menos concurrido. Deben ser como las 8 o 9 pm.


Regresamos a Shinjuku, que sigue bien concurrida. Logramos recordar el camino de regreso a través de la estación.


Mañana: Shinjuku de noche.