03/03/2012

Una tarde con amigos en Okayama.





Aquella tarde, Hiroko y yo, tras haber recorrido un rato el centro, esperábamos a una de las amigas de ella en el complejo de la estación del ferrocarril.

En el centro comercial bajo la estación hay una tiendita que vende ultramarinos.





Vegemite para los ingleses.

Variedad de cervezas.

También había nachos, tortillas congeladas y salsa Tabasco - creo que era lo más cercano a lo mexicano que había.

Pero eso sí, montones de tés y café (¿alguien gusta Illy?)


Salimos a la plaza a esperar. Yo deambulé un rato y encontré cosas interesantes...



...como esta coneja.

 

 La estatua de Momotaro, frente a la estación.

Alguien alimentaba a las palomas.




I LIKE TODAY.

El centro de Okayama también es de "no fumar"; hay lugares particulares para satisfacer el vicio. Algunos jóvenes congregados en uno de tales lugares son alcanzados por un policía - quizás revisando que tengan la edad suficiente para comprar tabaco. 



Crucé la avenida hacia una calle comercial cercana.



Adornos de año nuevo...


No se puede entrar con bicicletas; hay que estacionarlas.



Un casino llamado "Hollywood".




El resto de la calle no lucía tan interesante.

Salvo, claro, por este arcade de aspecto un tanto sospechoso.






Al regresar a la plaza me encontré de nuevo a usagi-chan.




Mi siguiente misión fue encontrar un bote de basura; esto me llevó al interior del edificio. 
He aquí algo que no me agradó tanto: fue dificilísimo encontrar dónde colocar la basura.

Al menos así pude descubrir este mural de Taro Okamoto.


Un monumento a... no sé a quién, la verdad.

Mapa de los trenes locales.

El bote de basura terminé hallándolo adentro de la estación.


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Finalmente llegó Yukiko, la amiga de Hiroko, a la plaza. De aspecto agradable y vivaracho, habla muy bien inglés (como buena maestra del idioma) y tiene, evidentemente, un problema con la puntualidad.


Aquí ya íbamos caminando hacia su carro. De aquí iríamos a casa de otros amigos.



"Creo que ahí está", dice Yukiko, al fondo.

El carro era un Alfa Romeo importado de Europa. "Tener el volante del otro lado me ha ocasionado accidentes, pero aún así me gusta este carro", decía.


TRANVÍA DE GATOS.








Llegamos a otra zona del centro, pero antes de llegar a visitar, pasamos a una tienda de conveniencia.




Este es el edificio de departamentos donde fuimos a visitar.



Y he aquí nuestros amigos. Tyrone, a la izquierda, es esposo de Emiko, de azul. Tyrone enseña inglés en escuelas locales; es originario de St. Louis, Missouri, y tiene ya varios años en Japón. Emiko es arquitecta. 


Como que les gustaron las máscaras de luchadores.




Este gato se llama Tama (literalmente, "bola"). 

Tama es un confianzudo.



 Este otro gato, mucho más escurridizo, se llama Matchan. 



Tardó más en tomarnos confianza, pero eventualmente se acercó.




Me tocó probar la cerveza Kirin. Nuestros anfitriones se portaron muy bien. Me sorprendió un poco que tuvieran queso (no tan común en Japón). "Lo compramos en Sam's Club". 



Galletas caseras, yum.



La conversación se desarrollaba lo mismo en japonés que en inglés, así que no me quedé en blanco esta vez. En algún momento de la velada, Emiko nos mostró un álbum de viejas fotos que a Tyrone le enviaron desde su tierra.



Esto es calamar. Sí, botana de calamar. Está rica.



Se hacía tarde, así que procedimos a retirarnos.


Tan old-timey, el elevador.


En casa, la cena estaba lista: arroz con curry era la estrella del show.





Un snack después de cenar. 


Y prácticamente esto fue todo lo que pudimos disfrutar en Okayama propiamente dicha. El día siguiente nos esperaba, sin embargo, un viaje familiar.

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En el próximo post: Hiroshima.

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