27/11/2006

Un fin de semana de esos que cambian las cosas.

[Post largo y con muchos detalles personales y bien subjetivos... you have been warned.]

Precondiciones: mucho trabajo; cita con la psicóloga hecha para el sábado - no sé ni qué decirle.

Gracias a la laptop, me acuesto trabajando el viernes y me levanto trabajando el sábado. Ahora aprovecho tiempos en los que antes solo estaba nervioso. Pero me tengo que bañar porque viene mi "hermanita" Teresita, de quien les he hablado antes, junto con su mamá, a que mi madre le dé un masaje. El masaje surge efecto y hay una clienta satisfecha. No platicamos mucho, aunque la visita es algo larga.

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Psicóloga. Ya en mi mente cruzaba la posibilidad de que este fuera el último día... los tópicos están agotados. Pero no. Vuelvo a caer en lo mismo, y se lo digo. Una vez más, lo que me preocupa es mi falta de tiempo: ese círculo vicioso del trabajo en exceso que simplemente me envuelve y me hace caer en más trabajo, porque el dinero no llega a tiempo y cuando llega, es para pagar todo lo que ya hace falta. No estoy contento... no soy productivo. "¿Esto no había sido el tema de la primera sesión?" Sí, lo fue. A la psicóloga le preocupará esta condición; esto no es cosa de juego.

Me hace crear un plan de vida. Me lo deja de tarea: nos concentramos en los obstáculos de aquello que me hace falta. "De entre lo que te gusta (metas a corto plazo), elige una sobre la que quieras trabajar." Elijo la 4, "estar con mi pareja (aunque ahorita no tengo)". Es la única que no sé ni por dónde abordar. Los obstáculos, sin embargo, a la hora de trabajarlos... resulta que tienen mucho qué ver con no poder ser resueltos por falta de tiempo, por falta de eficiencia... pero más que nada por decir que sí a demasiados trabajos, cosa que es perder-perder: trabajo mal y bajo presión; voy con demora; me pagan tarde; los clientes están insatisfechos... y yo no tengo tiempo para mí, mucho menos para una pareja.

El problema no son los clientes: es mi manera de administrarme. O de no administrarme. Ese es uno de los obstáculos: no decir que no.

Ahora el otro... ese es mucho más canijo. Tomo oportunidades porque tengo miedo de perderlas... no vaya a ser que se me pase algo. Miedo. Pero, ¿a qué? ¿Miedo a quedarme sin comer, a vivir en la miseria? No, eso no va a pasar por no tomar una alternativa y ya. Miedo... más bien falta de confianza en ello, en mí... en Dios. Sé que Dios está ahí, pero ¿qué tanto le creo a Él cuando me dice que "mira los pajarillos, vistiendo ropajes hermosos, y uds. que son mis hijos, ¿acaso no les daré?" Y, en todo caso... ¿cuánto creo realmente en mí, en que mi palabra vale y lo que decido es más fuerte que lo que me pueda venir..?

La psicóloga me mira directo a los ojos. Quiere ver la seguridad en mí. Me hace que me dé cuenta de lo descrito en el párrafo anterior. Pero... no. Es momento de decisión, y yo digo: basta. Pienso en Dios: busco mi fe en El. Ahí está. Ahí estoy de nuevo...

...mi nerviosismo, constante de todas estas semanas, ha desaparecido. Ahora, la psicóloga me cree cuando le digo que lo lograré. Todo este tiempo... todas estas semanas... y la conclusión vuelve a ser la misma de siempre. Vuelve a Dios. Vuelve al camino... ése que menosprecias porque sientes a veces que no hay cabida para lo radical o que no hay suficiente apertura... lo que no sabes es que tu vida entera, así de radical o abierta como pueda ser, cabe en él. Y si es así, al carajo, a abrazarlo... a recobrar mi seguridad, a tirar la baja autoestima por el caño, en la vida diaria.

Eso fue el sábado al mediodía. Me propuse terminar mis trabajos cuanto antes y no volver a excederme.

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Sábado en la tarde. No les conté, pero el jueves le chocaron la camioneta a mi papá. Gracias a Dios a ellos no les pasó nada, pero el choque se jodió la puerta lateral y ni jueves ni viernes traje carro YO, porque lo usaron ellos. Pero el sábado en la tarde recobró mi padre su camioneta y yo mi independencia de movimiento.

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Sábado en la noche. Salgo; había quedado de verme con Roxana, una amiga del coro, de los tiempos en que coordinaba. Roxy mide como 1.60, es bonita, güerita y tiene tez blanca y juguetona. Solía ser novia de otro querido amigo del coro... pero no más. La relación fue larga y no terminó muy bien. Platicamos en su casa; me parece raro llegar y platicar solo con ella; por lo general éramos tres.

Roxy tiene ganas de salir con sus amigos. Yo no estoy seguro de encajar muy bien con ellos; después de todo ella y sus amigos tienen alrededor de 22. No es mucha diferencia, pero aún así. Sin embargo, antes alcanzo a invitarla a cenar... algo no muy caro. Ella me muestra un sushi relativamente nuevo sobre Benito Juárez. Altamente recomendable; cumple con las tres Bs. Luego fuimos a casa de su mejor amiga, se pintaron y de ahí con otros amigos suyos. Ya eran las 11; el plan se armaba: hacer una fogata en la casa de no sé quién. Um... creo que no. La dejé con sus amigos y me fui, dejando a mi amiga disfrutando de algo que hacía mucho que no hacía. Me dio gusto este reencuentro; para ella es duro, pero está creciendo.

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Hoy, domingo. Despierto con una sensación rara. Despierto, de hecho, abrazándome. Son las nueve. A mediodía es la misa del aniversario de defunción del papá de Teresita, "mi hermanita", a la que nos invitó ayer. La pienso varias veces entre ir y quedarme a terminar el sitio web que tengo qué entregar y que me propuse terminar este fin. Al fin, decido ir: cierto que perderé unas dos horas de trabajo, pero es por ella y por su familia. Además, hace mucho que no voy a misa junto a mis padres.

Es mediodía y en la Parroquia de San Francisco y Santa Clara de Asís, en el Fracc. San Marcos, sale la gente de la misa anterior. El coro es excelente. Encontramos a Teresita pronto y nos hace sentarnos enfrente y a la izquierda. Los micrófonos funcionan mal, pero el padre, fraile franciscano, no tiene empacho en saltarse el cánon y presidir en el ambón... yo estoy nervioso ya: me tocará monitar en la misa de 7 en Medalla, que presidirá el Obispo.

Voy a comulgar. "Si Tú estás conmigo, ¿quién contra mí?" Vuelve la calma. Sé que tiene que salir.

Vamos saliendo del templo y una señora menuda deliberadamente bloquea mi paso. Son mis neuronas más recónditas las que me hacen abrazarla y llamarla "madrina". Es, de hecho, mi madrina de bautizo, y el gusto de verla es auténtico. Mis padrinos fueron, por decirlo así, mis protopromotores en la fe, cuando era niño y todavía no me entraba en la cabeza... Todos los años me visitaban al menos una vez, y siempre me traían algún regalo; con frecuencia éstos me hicieron conocer a San Francisco de Asís, a quien llegué a comprender (según yo).

Y hoy, esta señora menudita nos dice que padece hepatitis C, que está en un tratamiento de quimioterapia. Se va al poco rato: los bronquios no la dejan seguir hablando. Son complicaciones del tratamiento.

Allá va otro reencuentro.

Terminamos comiendo en el Lucky. De repente tengo tanta hambre... y parece que la comida nunca me había sabido tan buena.

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Domingo en la tarde. Regresamos. Tengo poco tiempo, aunque suficiente, creo yo. Por primera vez en mucho tiempo, efectivamente termino en tiempo. Estoy contento; le mando a Armando los resultados y me alisto para enfrentarme a Medalla. Los nervios retornan, pero es natural. Incluso tengo tiempo para entrar al Messenger y encontrarme con Claudia, mi "hermana" argentina... long time no see; para el próximo chat le pediré la webcam a mi madre.

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Medalla. Son las seis quince. La kermesse, como siempre. Antes de entrar a prepararme, veo que está cantando el dúo de muchachas dirigido por mi entrañable amigo Roberto, que no me ve. Afortunadamente, pronto localizo a Francia, mi compañera en el equipo de liturgia. Las "coordinadoras", Ana y Laura, están fuera de la ciudad, pero de otras misas nos han mandado a dos lectores. Yo esperaba a dos señoras: muy para mi contento, resulta que son muchachos, ella y él menores que Francia y yo.

Me toca ser recibido en una parroquia que NO luce como antes... esta es la misa de la Fiesta Patronal, en la que el Obispo bendecirá el nuevo altar, que luce impresionante. El tiempo pasa como agua y con trabajos y si logramos juntar a todas las personas necesarias para la liturgia: los lectores, los cuatro de colecta y la pareja de las ofrendas, que resultan ser los papás de Francia. Suenan las tres campanadas: ¡se supone que yo debo estar enfrente, diciendo "de pie"! Con las prisas olvido llevar una hojita dominical, lo cual me acarrea problemas a la hora del Aleluya, que se supone que debo decir yo (y había olvidado). Pero los aciertos fueron muchos más que los errores y fue una feliz misa... una misa histórica para nuestra comunidad, en la que mi Señor me concedió el gran honor de servir.

Comulgo de nuevo. "¿Sigues en lo mismo de hace rato, Fernando?" "Sí, sigo en lo mismo. Vamos a darle."

Salimos. Me quedo un rato en la kermesse; no traigo un cinco, pero mi amiga Gladys me dispara una soda y bailo un poco con ella. Regreso pronto, antes de la quema del castillo.

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Noche. Todo está oscuro. Iba a trabajar, pero... no; necesito cierta info antes de comenzar con el otro sitio y no quiero retrabajar. Juego un poco; Megaman me frustra un poco y la extraña combinación de teclas que hago hacen que inadvertidamente presione alt+f4 y, obvio, el emulador se cierra. Bah, otro día será.

Estaba por apagar la compu, pero tengo correo... por mero ocio checo; supongo que solo será basura.

Hay un correo que no esperaba. El reencuentro que faltaba.

Tita.

Es un correo de agradecimiento, en son de paz, sin mayores pretensiones.

Es entonces cuando me doy cuenta de que hoy acaba de cerrarse el ciclo a la perfección... me encuentro de nuevo en la posición de abril, pero con mucha más fortaleza y, esta vez, dispuesto a tomarme en serio a mí mismo... con tantos aprendizajes... y con tanta historia más. Pero no habría sido posible si Dios no hubiera querido que Tita apareciese en mi camino este año, y ella no hubiera actuado de la manera en que actuó: al descubrirse y ser ella, me encaminó a descubrirme a mí mismo.

Así que mi correo de respuesta, pues, también fue de agradecimiento, sin mayores pretensiones... si bien, si Dios quiere, algún día podríamos volver a retomar la amistad, como ya me ha sucedido y con muy buenos resultados. O no. Pero no importa... ella ya es importante en mi vida y, como tantas personas, de manera particular cada una, ya vive en un pedacito de mi corazón.

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Este fin de semana, pues, me reencontré con varias de estas personas. . Roxana. El coro Angelus; Francia y la liturgia (faltaron las güeras, Ana y Laura). Teresita, mi "hermana" semi-adoptada por mis papás (al punto que le preguntan, "¿por qué no nos has hablado?"). Claudia. Roberto. Mi madrina. Tita. Mi señor Dios.

Yo mismo.

Mañana comienza un gran día.

Un abrazo, querido lector, y que Dios te bendiga.

3 comentarios:

avedeeo dijo...

:')

Tony dijo...

siendo sincero no lo leí completo, pero en el tema referente a la productividad yo muchas veces me he sentido igual, en un ataque de histeria me dio por investigar sobre como aumentar la productividad y me encontré con muchas personas que recomiendan el libro "organizate con eficacia" de David Allen.

lo voy a comprar, si no lo tienes o no lo has leido cuando lo tenga te paso una copia. Saludos.

Anónimo dijo...

**hugz**