19/02/2011

Omotesando


 Comenzamos a caminar por la zona de Omotesando (表参道).


Esta es una zona lujosa, llena de tiendas de moda, arte y otros portentos del consumismo. 
En la temporada navideña, la avenida Omotesando es trradicionalmente decorada con foquitos.


En esta zona los edificios son tan vanguardistas como lo que alojan. 
Esto es un aspecto externo de Omotesando Hills, un centro comercial cuyo diseño se le debe a Tadao Ando, quizás el arquitecto japonés más reconocido internacionalmente, y cuya vida ha sido memorable: habiendo solo terminado la preparatoria y tras trabajar como conductor de camiones, comenzó a aprender la arquitectura por su cuenta, sin enseñanza formal.


Tadao Ando busca adaptar el edificio a las formas naturales del lugar (y no al revés). 


Otra vista de Omotesando Hills, donde apreciamos las formas sobrias y rectas que sus obras suelen tener; algunos de estos rasgos, al igual que el aprovechamiento de la luz natural, suelen ser comparados con los de la obra del mexicano Luis Barragán.


En Omotesando coexisten algunas de las marcas más exclusivas del mundo. Aquí, uno de los edificios al que entraremos luego; se alcanza a ver el letrero de Bulgari, que tiene un par de establecimientos. 


Al lado de ese edificio, una mole blanca que en la tarde se iluminará de colores.




 Dentro de Omotesando Hills se supone que uno no puede tomar fotografías, de modo que disponen de este punto para hacerlo.


Claro que en este momento saqué mi tarjeta de baka gaijin, saqué la cámara e hice como que no sabía qué rollo. Esto está en el lobby del centro comercial. Ya entrando, todo parece querer decir: "esto no será barato".


 Feliz año nuevo y felices artículos superfluos nuevos.


Recordarán lo mencionado antes sobre el empleo de la luz natural. El edificio entero está dispuesto en forma cuadrangular, con un tragaluz arriba que irradia a todo el edificio. En la foto podrán notar que los pasillos tienen una configuración extraña... en realidad, no hay varios niveles en el sentido estricto, sino que hay un solo pasillo que es una gran espiral, en un declive poco pronunciado. Así que es posible entrar, ir derecho por el pasillo y eventualmente recorrer todo el centro comercial.


Pero también hay algunas escaleras eléctricas, por si se decide no hacer tan largo el camino. Nosotros las usamos para subir al último 'nivel' y así ir descendiendo.


Como buen centro comercial, el último nivel es el de las comidas. Claro que, en este caso, estamos hablando de puros restaurantes gourmet, de especialidades... en uno de ellos, vimos cómo preparaban un exuberante postre flameado y luego lo servían a una tokyota solitaria.

Muchos aparadores después, salimos a la calle de nuevo. 




Volvimos a cruzar la avenida (aquí la gente sí usa los pasos peatonales).



Recordarán el letrero de Bulgari de hace rato. Bueno, pues se refiere a esto: a un café gourmet. No entramos, pero se veía bastante refinado, con colores chocolatosos en el interior.



Lo cual tiene sentido, porque también es una chocolatería gourmet.


 Una muestra de lo que encontramos en las tiendas del lugar.


Esto fue tomado en un lugar muy particular: la tienda de diseño de MOMA, el Museo de Arte Moderno de Nueva York. El MOMA no tiene un museo en Tokyo, pero sí tiene esta tienda, donde vende los mismos productos de diseño vanguardista que en EU, más ciertas adiciones de diseñadores japoneses. A escondidas, esta foto de algunos relojes.


El ambiente general de la tienda.


En el último piso del edificio comimos... pero no aquí (un restaurante tradicional, pero gourmet, aparentemente)...


...sino en esta cafetería de corte occidental, "Omotesando Café".



Notarán que la atmósfera era, pues, trendy,





La comida no estuvo mal, si bien no fue tan abundante. Comimos ensalada y un sándwich de rosbif.



La carne del sandwich era de término medio. No estaba mal (aunque a Hiroko le causaría problemas estomacales más tarde).



Para rematar, té. Noten los terrones de azúcar, uno de los cuales es de azúcar morena.



A seguir caminando.


Seguimos recorriendo la avenida Omotesando. Aquí, otras dos marcas; seguro al menos reconocerán una.


Aparador de primorsas cerámicas.



Una iglesia cristiana. Fui informado por Hiroko de que en esta zona residen muchos extranjeros - eso explicaría la iglesia y también el que el letrero esté en inglés.


Un vendedor callejero muestra su mercancía: bonsáis. 


 En una esquina con otra avenida, encontramos faroles japoneses. Más tarde en el viaje descubriré su importancia en la espiritualidad japonesa.


Estamos entrando ahora a la zona llamada Aoyama, que además de las tiendas lujosas contiene oficinas y lujosas residencias. 


 Cerco de un templito, de esos que pasan desapercibidos si uno no pone atención.


Este edificio pertenece a una famosa tienda de diseñador. La arquitectura es peculiar.



Tras un rato de caminar, llegamos a otro de los objetivos de este día (y por el cual hemos venido a Aoyama): el Museo de Taro Okamoto, que les mostraré en el próximo post.

1 comentario:

Vic dijo...

voy al corriente con todos los posts... todos son geniales. Saludos