18/07/2011

Qué más ha pasado.

Ha pasado mucho tiempo, así que procedo a relatar de manera breve algunas otras cosas interesantes me han pasado y de las que he aprendido en lo que va del 2011.


Me tocó recibir el Año Nuevo con mis suegros. El último día antes de regresar a México pude conocer también a mi cuñada.

Tuvimos varias comidas en mi trabajo, Justia. Salieron algunas personas y entraron muchas otras más. (Seguimos contratando, por cierto.)

Mi amigo Ángel prepara cada vez mejor café. 

Para mi cumpleaños, en febrero, Hiroko y yo fuimos unos días a la Ciudad de México. Conocí, entre otros lugares, Coyoacán, algo de CU, Polanco, el Café de Tacuba y dónde bailar buena salsa. 

En ese viaje, también vimos al Ballet Folklórico de Amalia Hernández en Bellas Artes y tomamos buen café en El Jarocho. 

Aprendimos que el Barrio Chino de la Cd. de México está a una cuadra de la Alameda.

En mi cumpleaños, en Justia, me dieron un pastelazo. Un tiempo después, yo di un pastelazo. Hay equilibrio en el karma.


Hemos comido y bebido muy rico.

Compramos un asador. Nomás comenzó a hacer un clima decente, me dio por hacer carne asada. "Pareces oyichan (viejo) japonés", me dice mi novia ante esta pose.

Conocimos Santiago, N. L. Es un pueblo-suburbio enclavado en la sierra, al sur de Monterrey. Aprendí que el kayak en un lago se disfruta, pero también se sufre - sobre todo si el viento en contra es  constante, y si olvidaste llevar traje de baño o cosa similar.

Cada vez conocemos mejor la Zona Metropolitana de Monterrey y sus muchos museos y centros comerciales. El Café Punta del Cielo es bueno, pero no vuelvo a pedir un espresso frío sin azúcar. 

Cuando fuimos a conocer uno de los centros comerciales posh de San Pedro Garza García... que se quedan sin luz. Ja.

Fui un par de veces a Silicon Valley.  En ambas visitas terminé yendo a San Francisco también. En ambas visitas terminé pensado: qué ganas de vivir aquí, carajo. En la segunda visita me tocó ser guía de turistas y navegar sin GPS.

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No tengo foto de esto, pero... compramos boletos para ir a ver a Los Amigos Invisibles. El día que se presentaron, los narcos hicieron un caos en la ciudad. Con la psicosis desatada, preferimos quedarnos en casita. (Fuera de este incidente, no ha habido trazas de violencia generalizada.)

Moras silvestres. Oh, gloriosas moras silvestres. Con la pizca de un par de días tuvimos jalea para un mes.


También regresé a mi tierra, de entrada por salida, en Abril. La visita fue agradable, pero siempre muy rápida. De regreso traje más ropa para Hiroko. Me dio tristeza ver que algunas construcciones aún no se recuperaban del terremoto de este año, pero también me gustó ver que también hubo quienes aprovecharon para darle una remozadita a las fachadas. Vi varios negocios nuevos y me llevaron a comer "sushibolas". (En la foto, mis papás, cuando fuimos a comer a El Rincón Azteca, en Plaza Fiesta.)

Vinieron Satomi y Minori, las dos mejores amigas de Hiroko, y fui felizmente guía de turistas para ellas. Aprendí que en Monterrey no hay que fiarse del tráfico, o puede que termines en algún lugar a donde no querías ir. En la foto, las tres japonesas posan con el mariachi que tocaba en el restaurante Los Generales de Guadalupe.

También conocimos Parras - es encantador para un día de paseo relajado. Esto es en la planta vinícola Casa Madero.

Ya aquí en Saltillo, me tocó ir a una corrida de toros. No era mi primera vez, pero no es común que vaya. La faena y el folclor fueron muy bonitos... todo excepto la muerte del toro. Y ahí recordé por qué no suelo ir a las corridas de toros. 

Hiroko acaba de asistir a un congreso de bailes latinos aquí en Saltillo. Yo entré también a una clase, específicamente, de salsa en pareja para principiantes. Confieso que lo disfruté.


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Ahora, en julio de nuevo, el clima se pone nubladito y con lluvias. Mi mente relaciona esto con mis vacaciones infantiles en Guadalajara, así que me pone de buenas.  Acabamos de comprar una cama; esto es bueno porque el colchón que había estaba en horribles condiciones y además era muy estrecho. Y por último, mis papás nos visitan este fin de semana.

Así pues, todo va viento en popa. Muchas otras cosas hicimos, pero se escribieron éstas para que el mundo crea que estamos bien y contentos.

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