10/04/2008

Hoy seguí despertando.

Hoy soñé que estaba en una iglesia bien bonita. En una misa, o eso parecía. Hasta enfrente.

Vi al padre, a mis papás, a la que se supone que era mi novia, que es una amiga que sí tengo, pero que no es mi novia, ni me gusta, ni nada. Y en el sueño, igual la miraba y tampoco me gustaba.

El sacerdote (que no conocía), en algún momento, detuvo la ceremonia porque le faltaba algo. Y como no lo encontraba, ni nada, mandó todo al carajo, así que todos salimos y todo el mundo comenzó a platicar como si nada.

Yo no conocía a nadie ahí, excepto a mis papás y a mi amiga que actuaba como mi novia, aunque en realidad ni eso, porque se fue y ya no la volví a ver, ni me preocupó.

Estaba en la iglesia, pero no veía a Dios, ni lo sentía, ni nada. Era como si nada especial hubiera pasado.

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Me desperté pensando en eso. Quizás mi psique me está diciendo algo. No, no quizás: me lo dice. Si realmente viviera mi fe, quizás habría soñado otra cosa, quizás habría sentido otra cosa en el sueño.

Pero siempre me queda la esperanza... a la que tuve que recurrir, filosóficamente. En esos momentos en los que no sientes nada más allá, es bueno recordar por qué haces lo que haces. Súbitamente me cuestioné si realmente creo en Dios y qué implica eso.

Así fue como me sentí mejor. La fe mueve montañas... el amor mueve corazones. Y yo me quiero mucho, y Dios me quiere mucho, y yo también quiero quererlo, y quiero seguir intentando conocer y vivir mi fe.

Por eso hoy llegué tarde a Ingenio, más tranquilo y con un abrazo líquido (de mí para mí) en forma de un vaso de café moka.

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