23/12/2006

Odiseas de una pre-navidad en cama.

Primer acto. El doctor y el artista

Pues sigo enfermo. Aún así asistí a la posada-fogata organizada por Nacho y Telepedro; de hecho me llevé a dos de mis "hijas" del coro: Gladys y Roxanna. Nos la pasamos bien; fue un rato ameno en compañía de algunas personalidades de la esfera bloguística mexicalense.

Lo malo es que... el frío fue demasiado y me provocó una recaída. Al día siguiente, a las 4 pm, ya venía yo de regreso del trabajo, con un dolor de cabeza horrible y apenas si podía respirar. Ya mi mamá me había regañado en la mañana: en vez de "buenos días" me recibió con algo parecido a "te lo dije; y luego andas llegando tarde y encima te bañas en la madrugada; entiéndeme muy bien lo que te digo, qué no te das cuenta de que..." Pues total, en la tarde, ahí voy con el doctor.

Algo interesante pasó entonces. Me estacioné en un lote baldío en el que se anunciaba: "Estacionamiento, $10". Lo guardaban dos personas, una con un talante común y corriente, como de 40 años tal vez; la otra, más alta, tal vez de unos sesenta años, pero de un talante que tal vez correspondería más a un empresario o un artista: pelo cano, calvicie avanzada, postura erguida, mirada afable. En fin, yo me sentía tan mal que solo quería llegar con el doctor; afortunadamente no pasó mucho tiempo antes de que me atendiera.

El doctor Corral es nuestro médico familiar desde que tengo memoria. Conoce bien mi historia y supongo que no le sorprendió el motivo de mi visita. Aproveché, sin embargo, para mencionarle mis nuevos descubrimientos, uno de ellos la aceleración de mi pulso cardiaco, lo cual, dado mis antecedentes familiares, ocasionará una serie de revisiones en el futuro.

Pero desvarío. Compré mis medicinas en la farmacia más cercana y regresé al estacionamiento. Iba saliendo un carro; la señora que lo conducía le decía al señor de talante fino: "Usted me parece conocido." "¡Tal vez de la radio o la televisión, señora! Yo soy actor."

Ni con lo mal que me sentía pude resistir la curiosidad.

"¿Usted fue actor?"
"Sí; yo estudié con Fulanito de Tal, que fue discípulo de Zutanito de Tal y que creó a las estrellas tal y tal y tal (mencionó aquí a personalidades de los años 50s y 60s, tal vez, tanto mexicanas como de Hollywood). Me tocó trabajar en Bellas Artes al lado de grandes figuras. También soy productor; tengo una hija que es actriz en Estados Unidos y ya le he producido un programa."

Eso explicaba su porte... pero... por supuesto, había algo que no encajaba. El caballero se adelantó (cuántas veces no le habrán preguntado lo mismo):

"Estoy aquí porque vivir de la farándula... ¡es muy difícil!

Le pagué los $10 y me fui pensando en el montón de historias que tiene Mexicali entre sus muchos habitantes, y que, tal vez, de haberlo querido así, a este señor lo estaría viendo en la pantalla chica y no cobrando la entrada de un estacionamiento... pero él escogió ese camino para ser feliz... so be it.

- - -

Segundo acto. El intoxicamiento

El desdichado de mí no me di cuenta de lo que me tomaba.

Tan pronto llegué a casa, me metí en la cama (esto fue el jueves). Preparé todo mi escenario: llené la botella de 2 litros de agua, puse la laptop cerca, sobre el libro que hace las veces de plataforma para cuando la uso en la cama (como ahorita), acerqué también una caja nueva de pañuelos. Finalmente, me tomé mis medicamentos. Pero había uno cuyo nombre me sonaba y me latía mal. Ciprofloxacino. En fin... el doctor sabe lo que hace. Allá van.

Entraron los medicamentos y casi de inmediato sentí despejarse mis fosas nasales. "¡Qué maravilla!", pensé. Pero... el doctor solo me recetó analgésicos y antibióticos; ¿se supone que esto debe pasar?

Tomé el celular e hice un par de llamadas. Me sentía un poco achicopalado; después de todo el día no había resultado tan bueno. Durante la última llamada, precisamente a Roxanna, comencé a sentir los síntomas a los que tanto temía. Ciprofloxacino. Demonios.

Según esta página:

Ciprofloxacino oral.
[...]

Si usted experimenta alguno de los siguientes síntomas, llame a su doctor de inmediato:

  • sarpullido (erupciones en la piel)
  • prurito (picazón)
  • urticarias
  • dificultad para respirar o tragar
  • inflamación de la cara o garganta
[...]


Aún tenía el teléfono en la mano cuando sentí cómo se hinchaban mis párpados: de repente, ya no podía abrir del todo mis ojos. Mis manos y pies comenzaron con un cierto hormigueo. Al poco rato tuve que colgar: en mi cara y mis extremidades sentía el latir de mi forzado corazón, la sangre agolpándose en todos los vasos, presionando, amenazando con hacerlos estallar... y la comezón, la horrible comezón... cualquier movimiento hacía que mis manos o pies se quejaran, siendo que estaban siendo presionados al límite. Quise respirar profundo, pero era como si alguien se hubiera sentado sobre mí - si a esto le sumamos la constipación nasal, el resultado no era agradable.

El clímax agónico habrá durado, acaso, unos 15 o 30 minutos. Cuando comenzó a calmarse, lo primero que hice para calmarme fue buscar respuestas. En efecto, ya había sentido estos síntomas, pero no tan graves como ahora... y era ese medicamento del demonio, que no reconocí por verlo disfrazado con su marca comercial. Muy para mi consuelo, Pola venía entrando al messenger, así que abusé de su gentileza y le pedí auxilio. Su conclusión fue: "Pues, oficialmente deberías hablarle al doctor, aunque dices que ya te sientes mejor... pero... mejor háblale, por si acaso." Así que (hinchado y todo) me presenté en la sala de mi casa y marqué al doctor.

10 minutos después, estaba recibiendo una inyección de Avapena (un desinflamatorio) de parte de mi madre... por lo menos pude respirar mejor.

Bonito remate para un día que no había sido de lo mejor, de por sí. Pero los medicamentos hicieron efecto y el sueño me invadió como si nunca lo hubiera sentido antes.

- - -

Tercer acto: El descanso.

El viernes fue un día absolutamente off. No trabajo, no clientes, no Ingenio. Ni siquiera ayudar a hacer tamales. Me limité a estar acostado, escuchar la vida pasar afuera de mi cuarto, dejar que la comida y las medicinas vinieran a mí a las horas indicadas y ver la primer temporada del animé de Naruto, donación realizada por mi amigo y socio Orlando (arigato, Orlando-kun). Y ya. Hoy sigo en cama, pero ya me levanté a desayunar y en un momento envolveré regalos.
Tan tán.

(telón)

Lamentablemente, no salir también implicó perderme un par de reuniones a las que realmente quería ir, el cumpleaños del Mijares, entre otras cosas... mil perdones U_U.

1 comentario:

Kamelie dijo...

Hey! yo quiero conocer al señor ex-actor...

Te imaginé como Will Smith en una película de comedia que se infaba por alergia al pescado. definitivamente te deseo salud para 2007.

Un abrazo.