19/01/2011

Tsukiji y el sushi más bueno del mundo


Tras deambular por el barrio de Asakusa, la siguiente parada para mi novia Hiroko, nuestras amigas Minori y Satomi, así como un servidor, estaba del otro lado del centro de Tokyo...


...así que hubo que agarrar el metro. Curiosamente, este no es un metro como tal, sino un tren de otra compañía que cubre la misma ruta que esta línea de metro en particular y, llegando a la terminal, continúa sobre sus propias vías, de modo que es también un tren de cercanías.


En una de las estaciones, la transferencia entre líneas era... por fuera de la estación. Hubo que caminar un par de cuadras, de modo que nos topamos con esta tiendita típica.


Hiroko me dice: "¡Qué nostalgia! Esta tienda se parece a aquellas en donde íbamos cuando éramos niños."


"Vecinos: si cuelgan camisas, las palomas gigantes radioactivas harán caer lluvia verde."


Mapas por todos lados. Estos son necesarios, porque el sistema de direcciones y de numeración de casas no es nada sencillo en Japón.


La entrada a la estación de la otra línea. Había máquinas especiales para recibir los boletos de quienes transbordaban, de manera que no se perdieran. 


Otra colorida máquina de bebidas.


Tomamos una línea de metro que tiene la extraña forma de un anillo con cola...


Tardé en entender la lógica de esto. 


Murales en la estación del Mercado de Tsukiji.



Las muchachas tratan de ubicarse. Incluso aquí, ya huele a pescado fresco.



Tenemos que llegar a cierto restaurante, para el que tenemos cupones de descuento. Acordada la ruta, salimos.



En la calle había algunos comerciantes con muestras de divrersos productos.



Estas son bolitas dulces (creo).


Dejamos la avenida para torcer hacia una calle ancha. No podemos entrar al mercado de Tsukiji en sí (el de mayoreo) porque, durante todo Diciembre, estuvo cerrado a turistas. Sin embargo, estamos ahora en las calles circundantes al mercado, que (de hecho) son un mercado en sí. Las calles están abarrotadas de negocios minoristas. El ambiente es como el de un tianguis - pero limpio, sorprendentemente muy limpio. 


Satomi y Minori nos regalan un snack calientito (que se aprecia en la fría tarde).


Son "dentros" de pescado (hueso y esas cosas) fritos. Estaba bastante bueno, si bien un poco peligroso, por lo de las espinas.


Nos metimos a las callecitas. Son como unas ocho cuadras de puro negocio.


Localizamos el restaurante en el que comeríamos más tarde... pero aún no tenemos hambre, así que decidimos seguir explorando la zona.


Este vendedor ofrece cortes de atún. Así como la res y el puerco tienen diferentes partes, que se cortan y se utilizan separadamente, así también el atún. Las partes más grasosas son las más caras.


Estas cosas son, de hecho, pescados puestos a secar. De aquí se sacan unas hojuelas muy delgadas que son utilizadas para condimentar platillos como el okonomiyaki.


Amplia oferta de algas de diversos tipos. Algún vendedor nos dio a probar alga. Tenía un sabor muy notorio, fuerte pero agradable, como ninguna que hubiera probado antes en un sushi. "Estas algas no se usan en sushi", nos dijo, "porque se sobreponen al sabor del pescado. Pero pueden usarse para onigiris" (bolas de arroz).



Hasta las aletas de ciertos pescados se pueden comer. 


Otro snack que Satomi compró, y nos dio a probar. Esto viene en laaaaargas tiras. Se trata de salmón seco ahumado. La consistencia es similar a la del beef jerky o quizás a la cecina, pero en el sabor, es definitivamente salmón. 


Estos bollitos son mochi, parte de la comida típica de Año Nuevo. 


Algún vendedor de productos de limpieza pensó que sería buena idea mostrar sus cepillos para lavar trastes en un arbolito navideño.



Esto... no luce agradable :D


Esta pasta de leguminosas también es comida de año nuevo.


Obviamente, casi todo el producto ofrecido es pescado, pero también hubo otras cosas más adelante, como pollo y res (a los que no les tomé foto).


Escondido entre el desbarajuste del mercado, un tranquilo templo, aparentemente budista.



Bollitos calientes.


Más atún. Este lo están comenzando a rebajar, pues su frescura es menor conforme avanza el día. 


Una verdura de la que no recuerdo el nombre.


Decoración de año nuevo. Son dos mochis, uno sobre otro, que pueden estar coronados por una mandarina o (en este caso) un conejo, el animal del 2011.


Había muchos restaurantes de sushi.


Con todo y la conmoción, se prohibe fumar en esta calle.


Los japoneses importan mucho pescado y otros productos de muchas partes. Sé que en las costas de  Ensenada existen granjas de atún dedicadas exclusivamente a surtir al mercado de Tsukiji. No encontré evidencia de ello, pero sí de este otro producto latino, específicamente chileno.

Finalmente llegamos al restaurante, pues el día avanzaba sin misericordia.


Satomi y Minori.


Hiroko y un servidor.


Té verde bien caliente, como siempre. Ofrecer té es una muestra de cortesía para hacer que el invitado se sienta cómodo.


Los cupones que Hiroko consiguió de antemano nos dan derecho a un muestrario de sushis, casi todos temakis. Muchos de estos quizás los reconozcan. La frescura de ellos, sin embargo, hacía la diferencia... en sabor, en textura e incluso en precio - el festín fue sorprendentemente barato; los precios no eran muy elevados ni siquiera sin cupón.



Comenzaba a caer la tarde cuando salimos del restaurante y con esto, de la zona de Tsukiji.

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