28/01/2011

Shinjuku de noche


Pues salimos del metro y nos pusimos a caminar, Hiroko y yo, por las inmediaciones del barrio de Shinjuku. Estábamos cansados del trajín del día, pero queríamos cenar antes de llegar al hotel - y dado que este lugar estaba de camino, decidimos explorar un poco.


Shinjuku, además de un nudo de comunicaciones, es un distrito de moda y de entretenimiento.  
Esto se evidencía incluso antes de salir de la estación en sí. Tiendas de marca flanquean el paso hacia nuestra salida.


Una vez saliendo a la plaza de la estación, nos reciben los edificios de las tiendas departamentales. Aún había algunas tiendas abiertas; entramos a una cuyos precios no eran muy... adecuados para nuestro presupuesto. :D



Como sea, es un buen lugar para ir de noche. 


Adentrándonos en las calles, el ambiente se torna un poco más ruidoso (cosa rara en aquel país). Pequeños grupos de muchachos y de trabajadores deambulaban entre los pachinkos y los bares.



Caminamos un poco antes de decidirnos. 





Al final encontramos un bar especializado en yakitori (brochetas de pollo asado). 


El lugar estaba algo escondido - había que bajar unas escaleras para llegar a la puerta en sí - pero el ambiente era muy agradable. Predominaban la madera, la iluminación cálida y las parejas distribuidas alrededor de la única barra del local. 

Hiroko pidió cerveza; yo quería algo caliente, así que probé una versión cálida del sake.



El concepto de la comida del lugar es el de un botanero. El yakitori es, de hecho, una botana. Aquí nos han servido sal y pasta de miso, a la cual le agregamos algo de jugo de limón.


Hemos pedido un pequeño desfile de especialidades. Lo primero en llegar es este par de brochetas: una de pollo molido y otra de pollo y cebolla. 


Aquí el vasito de botana, igual para todos y que incluye, entre otras cosas, repollo.


Brocheta de shiitake.


Una vista general del lugar revela los ganchos que rodean el establecimiento, para poder liberarse de la chamarra sin preocuparse porque se caiga. 


Provecho.


Después de las brochetas, Hiroko pidió un caldo de pollo y un par de onigiris. El caldo... no sabía a un caldo mexicano. "Este es el sabor del caldo sin Knorr Suiza", decía Hiroko. 

Llegados a este punto, Hiroko y yo intercambiamos puntos de vista sobre cómo, en México, el pollo es "la carne barata", mientras que en Japón es algo que comes de vez en cuando y es considerado algo muy rico... quizás lo mismo que pasa acá en México con el pescado (en las ciudades que no son costeras). 

Debo reconocer, el caldo de pollo a la japonesa estaba muy bueno.

La cuenta no fue precisamente chica. "Los pollos de aquí son free range", me decía Hiroko.


Ya comidos, llegó el sueño. Como sea, en el camino a otra entrada de la estación, pude seguir tomando unas cuantas fotos. 




"Cuando vine a Tokyo a hacer un examen de certificación de español, me encontré con una amiga en este café. Era muy rico", me decía mi novia.


Yo le comentaba a Hiroko cómo tiendas gringas como ésta son, en mi tierra, consideradas como... bueno... no tan gran cosa como en Shinjuku. Cuando inauguraron esta tienda, había filas kilométricas para entrar.


El callejón solitario menos oscuro y más claro que he visto en mucho tiempo.




Necesitábamos ir al baño y dimos con un centro comercial en el que casi cerraban, pero aún no. Eran ya como las 11:00 pm. Evidentemente era un lugar exclusivo: en el 8o. piso hay un Starbucks y en el 2o. hay otro. El del 2o. piso es un Starbucks Black Apron - qué lástima que no tuve oportunidad de conocerlo, ya estaba cerrado.

En fin, habré de regresar a esta zona para explorar más. Ya será a la otra.
Por lo que a nuestro día respectaba, llegó a su fin sin más incidentes. El día siguiente sería el último en Tokyo, así que habría que descansar bien para aprovecharlo al máximo.

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