23/01/2012

Ryoanji y su jardín zen.

Saliendo del recinto donde se encuentra el Pabellón Dorado, regresamos caminando por la misma calle por la que el taxi nos trajo para llegar al templo Ryoanji (龍安寺), otro importantísimo patrimonio de la cultura japonesa, a tan solo unos minutos de ahí.

Como varios de los otros templos, el Ryoanji es Patrimonio Mundial de la Humanidad, protegido por la UNESCO. 

 (No, este tanuki de grandes... proporciones no es parte del templo.)


Dedicada a Olga.


La caminata nos llevó serpenteando por la cuesta en el tranquilo paraje urbano, bordeado de grandes parques sobre las montañas. 




Pasamos por un lugar donde evidentemente se fabrican tumbas budistas.


Hemos llegado.

 

(Estilo occidental, menos mal...)


La relevancia de este templo también está ligada con el pensamiento zen. En este lugar se encuentra el que probablemente sea el jardín zen más famoso del mundo.


El boleto de entrada. Como que se esmeran en hacerlos bonitos.

Un plano de todo el complejo, mucho más grande de lo que nuestro tiempo nos permitió visitar.

A la entrada de este complejo hay un gran estanque, de manera similar al Kinkakuji. La convivencia con la naturaleza y la existencia de estanques y hermosos jardines es una cuestión espiritual para el budista zen. 






Este es el edificio principal de los abiertos a los visitantes.



En su interior, tras el espacio donde se dejan los zapatos (y se sustituyen por higiénicos "guantes para pies" de tela, nos reciben grandes muestras de caligrafía, protegidas de la humedad y los curiosos por cristales.


Un kanji es reconocible por la forma de sus trazos, o más bien, por la relación que tienen tales trazos entre sí. En el arte caligráfico, la manera de escribir un kanji es conservada, pero los trazos en sí son objeto de modificación por el artista. La forma que obtienen contendrá la expresión del artista. (El año pasado ya habíamos visto algo de esto en el Museo de Taro Okamoto, en Tokyo).


Un mapa antiguo de Kyoto. Como posiblemente saben, me obsesionan los mapas.


El japonés aquí mostrado, Hiroko me decía, no es fácilmente legible para la persona japonesa promedio. Quizás por ello está repleto de guías de pronunciación.


Un jardín zen en miniatura.


Y esta es la estrella del show.


El jardín zen karesansui, compuesto solo de roca, invita en su espacio amplio, seco y simétrico, a la contemplación y la meditación. 


Del total de quince rocas en él, solo catorce son visibles al mismo tiempo, no importa el ángulo en el que uno se encuentre. Esto puede tener relación con el hecho de que uno nunca puede saberlo todo, no obstante en dónde se encuentre.  


La configuración de las rocas es tal que inspira patrones de la naturaleza. Aún hoy, este patrón es estudiado y analizado; Wikipedia tiene más al respecto.



El ambiente fresco y húmedo de la tarde reconfortaba y ayudaba a la tranquilidad de la estancia, no obstante la cantidad de visitantes.



Atrás del jardín se encuentra un gran salón de acceso restringido al visitante, con pinturas cuya descripción (en la placa de abajo) solo puedo imaginar. 


El patrón de la pared no fue intencional; es debido a la acción del tiempo y los agentes naturales.

 


El acceso a otros recintos, probablemente donde viven los monjes.


La estructura completa es de madera. Sus patrones simétricos contribuyen al ambiente de armonía.


Este es otro de los puntos importantes del lugar: la fuente de purificación, o tsukubai. Ya en otros posts habrán visto estas fuentes, generalmente levantadas, para que uno tome el agua y con ella se lave las manos y se enjuague la boca antes de la entrada a un templo.  


En este caso, la fuente es baja, de modo que uno tiene que agacharse a utilizarla, en señal de humildad.
Los kanjis dispuestos alrededor de la fuente no tienen significado en sí. Yo pensaba que la fuente tenía forma de moneda china como asunto estético... pero no: resulta que el chiste es interpretar lo cuadrado del receptáculo de agua como el kanji 口 (guchi), que significa por cuenta propia "boca", y que se combina posicionalmente con los otros cuatro para formar una frase (吾 唯 足 知) cuyo significado se traduce a algo así como "lo que sé es suficiente", o como quien dice, que se puede ser feliz con lo que se tiene en este momento.



La campana tubular, otra característica de los templos.
El recorrido dentro del edificio es relativamente corto y nos lleva de nuevo a la estancia principal.




Me llamó la atención esto. Los monjes del lugar se preocupan por difundir su espiritualidad y ofrecen talleres en los que el turista puede aprender lo básico de la meditación zen.
 "Una vez lo hicimos, cuando era verano", me dijo Hiroko. "Hay que estar mucho tiempo sin moverse. Ahorita no es bueno ir; hace muchísimo frío..."


Salimos del edificio y comenzamos a andar la vereda que nos llevaría de vuelta a la entrada.


El escudo imperial se asoma en algunos lugares. En este templo también se encuentran las tumbas de algunos emperadores (de cuando Kyoto era la capital). 





Algunos árboles todavía vestían sus colores otoñales.




No alcancé a llegar ahí, pero me interesó mucho la aguja que se ve en la foto de arriba... me recordó a los templos (también budistas) que pueden encontrarse en Tailandia.














Fruta que no está destinada a comerse.


Así regresamos a la calle. Casi termina nuestro día.
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Mañana: camiones concurridos y lo que faltó por fotografiar.

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