31/01/2012

Comida orgánica y marcha vespertina.


Tanta gente había, que decidimos mejor salir de la calle del mercado de comidas.

Japoneses haciendo cola - algo que nos tocó ver muchas veces este día. En este caso, es para comprar tamagoyaki.




Decidiendo qué dirección tomar. Pronto sería hora de ir a recibir a otra de las amigas del grupo.


En una tienda vendían pato asado ("kamoroosu").



Interminable concatenación de tienditas interesantes. 






De regreso en una de las calles comerciales techadas, esta tienda se dirige al público extranjero.





Miren, una llama.


Terminamos llegando a otra de las avenidas, en este caso Shijo (Av. 4), que corre de oriente a occidente.



Está bordeada por grandes edificios de oficinas y comercios. 

Un teatro. 

En este letrero se anuncia que al caminar sobre la calle Shijo se tiene internet gratis.

Terminamos llegando a esta tienda departamental, "Daimaru" ("gran bola") donde esperaríamos un rato.


Aquí nos vimos finalmente con Saori, amiga de la escuela de Hiroko, Satomi y Minori.
 Juntos caminamos hasta el siguiente objetivo, en una de las callecitas del área.


Se trata de un restaurante de comida orgánica.


El lugar en sí no es muy pretencioso. 

Radiador. Como un ventilador, pero emite calor en vez de aire. Es otra de esas cosas que uno se pregunta por qué no existen acá.


No nos podían acomodar por ser cinco... así que esperamos un rato en el frío.

Saori al fondo.


Cuando al fin pasamos, tuvimos acceso a un menú tipo buffet. 
Las comidas eran todas preparadas con ingredientes no solo orgánicos, sino de la localidad, reduciendo efectivamente la huella de carbono del restaurante. La verdura de Kyoto, por cierto, tiene muy buena fama en Japón.


Aquí en nuestra mesa, de derecha a izquierda: Saori, Minori, Satomi y un servidor.

Un servidor, luego Satomi arriba, Hiroko abajo, y Saori hasta la derecha. 

El menú consistía de cerca de unos 20 platillos diferentes, con énfasis en la cocina tradicional japonesa. El ambiente del lugar era también muy tradicional y casero, todo de madera, calientito y agradable. Los lavabos estaban por fuera de la estancia.


Había un cargo extra si dejabas comida en el plato, así que más valía servirse solo lo que te fueras a comer. Ahora bien, para cada platillo había una explicación (no entendible por mí) de la procedencia de las materias primas.






La barra del buffet.




Y eso sí, prohibido usar celulares, que aquí estamos para disfrutar la comida en paz. 

  


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Terminando la comida, fuimos a recoger maletas al hotel: pasaríamos la noche en otro hotel, más al sur de la ciudad. Estas fotos son desde nuestro taxi.



El extremo norte de la calle comercial Teramachi, visto desde la avenida Sanyo (Av. 3).

Me tocó ver varios ciclistas por las calles. (En días posteriores me tocaría también ver a colegiales de secundaria y prepa en sus bicis, pero pasaron tan rápido que no pude tomarles foto.)



Iba yo en el asiento trasero de un taxi que pudo acomodarnos a todos.

Ya cerca de nuestro destino. Se perciben la Torre de Kyoto y la estación Kyoto del tren. 

Pasamos junto a otro de los grandes templos, que luego tendríamos oportunidad de apreciar más de cerca.



Llegamos al fin a nuestro hotel y descargamos maletas. 

En este momento yo tengo el gran dilema de haber olvidado que en Japón, si bien el voltaje y la forma de los contactos eléctricos son similares a los norteamericanos, no existen los contactos eléctricos con tierra. Así que mi laptop quedó descargada y mi cámara no puede ser vaciada... Modero, pues, mi cantidad de fotos, hasta poder conseguir un adaptador.

Aún así, en el Lawson que había frente al hotel, no pude dejar de tomarle foto a estas bebidas de K-On. 

Salimos, pues, y el primer objetivo fue conseguir mi adaptador.

Aparentemente, en Yodobashi Camera se podría.


Sigo con tos, así que mejor conseguirme estas mascaritas. Además, creo que a los japoneses no les caía bien escucharme toser sin tener la boca debidamente tapada con ellas.


Esta Yodobashi Camera era mucho más que una tiendota de electrónicos.



Como puede apreciarse, son cuatro pisos de electrónicos, dos de ropa, otro de "dining" y café, más un sótano de abarrotes nice.  Vaya, toda una tienda departamental.


Así que hay mucha variedad de *cualquier cosa*. Arriba, humidificadores de aire; abajo, maletas.


Y por fin consigo mi adaptador y soy feliz. 
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Mañana: la torre de Kyoto.

1 comentario:

quistion mac dijo...

what a amazing blog interested on:-There are many people who are very conscious about the environmental aspects of inorganic farming as well as use of genetically modified crops. That is why they ask for comida organic or productos biodegradables so that the natural processes are not hampered and Mother Nature can function in her own sweet and efficient way. The natural cycle has been disturbed by the artificial stuff instead of deshechables biodegradables or productos ecologicos.